Hay que dar un repaso

No había estado nunca, pero recordando las críticas del restaurante de hace diez años y aun leyendo que había bajado, osé ir a comer ayer.

Restaurante un poco ajado al que le hace falta una vuelta de pintura y decoración. Oferta de vinos con referencias exclusivamente españolas y que debía estar bien hace diez años.
Ha corrido mucho el panorama nacional durante estos últimos tiempos y una carta no debiera ser ajena a esta revolución.
Como cosa curiosa y ante mi requerimiento de vinos italianos, me comenta el jefe de sala que esa carta la lleva el dueño personalmente. Al ponerme pesado, consigo que vaya a por un Barolo o un Barbaresco de la "carta del Jefe". Se va del restaurante a una bodega que deben tener cerca y me aparece con cuatro botellas. Ni una de nebbiolo ni siquiera de Piamonte. Al final me quedo con un Chianti Classico Aziano de la bodega Ruffino en la Toscana. Más que correcto en nariz con fruta roja, leves tostados y una gran mineralidad en forma de pizarras. En boca, es un vino amplio pero ligero, con acidez muy correcta, sabroso y con buen final. Precio 34 euros que considero bien invertidos.

Copas correctas, pero con publicidad de Viña Pomal

En cuanto a la cocina, tomamos:

Salmón con salsa tzatziki, sobre pan de higos.

Huevo frito con amanita cesárea y trufa laminadas sobre patata confitada, scamorza y parmesano.

Tomate "resistente a fusarium" :-) pelado y despepitado, relleno de burrata, sobre un agua de tomate con balsámico.

Nido de pasta, con mousse de mortadela, sobre crema de pistacho, láminas de trufa y bechamel suave.

Spaguettis rojos, con speck, tomate seco, yema de huevo y parmesano.

Tagliatto de entrecôte con boletus y salsa de carne.

Tiramisú con helado de capuchino, gelatina de amaretto y crema de chocolate blanco.

Todo sabroso, impecable de ejecución y de presentación. Un notable alto si no sobresaliente.

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