Restaurante Viridiana: Para quitarse el sombrero


Lleno de sombreros, claquetas, botes de especias y cuadros de jockeys, la "Casa" de Abraham en Madrid es el lugar perfecto para una cena de invierno o un mediodía que no requiera regresar al trabajo. Muchos son los platos que hacen de éste uno de mis restaurantes favoritos: la sartén de huevos de corral con mousse de hongos y ralladura de trufa blanca, el delicioso foie acompañado de una copa de Sauternes, los arenques del Báltico con vodka, o las diferentes versiones de gazpachos según temporada, son auténticas delicias que complican mucho el momento de pedir. Además, el delicioso aperitivo de la casa, compuesto de una mezcla de frutas, verduritas, queso "rebozado" en miel y frutos secos, con diferentes tipos de fiambre es, además de un sello inconfundible de la casa, el primer indicio de que todo lo que va a venir después va a ser, cuanto menos, diferente. Los segundos tienen toques mejicanos, árabes y franceses. Los arroces con caza son magníficos, el cuscús de cordero, con especias árabes es meloso y exótico y siempre hay alguna ensalada que rebaja el nivel calórico de sus otros compañeros de carta. Aunque en Viridiana es muy difícil que se tenga capacidad para un postre, conviene tener en cuenta que una de las mejores panna cotta de Madrid (sólo superada por la de Támara Lorenzo) merece esa inevitable pesadez de estómago que siempre acompaña una comida en este templo de la gastronomía. Y, para los osados que aún tengan ganas de más, un te morito con dátiles bañados en chocolate, completarán la que, seguro, será una comida memorable. La carta de vinos, muy personal como todo lo que caracteriza a este sitio, tiene referencias italianas, Barolos, Barbarescos, Amarones y Barberas para la trufa blanca que todos los años ofrece en temporada; auténticas reliquias de Burdeos, Borgoña, Champagne y Ródano para esas magníficas ensaladas francesas, vino español, portugués y alguna referencia de elaboraciones kosher que aportan un toque mísitico a las conversaciones, casi siempre subidas de tono, del Rey indiscutible de la "Casa". Un restaurante con mucha personalidad, donde todo es lo que parece y lo importante es "comer con la boca" porque a los ojos todo les apetece.

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