Volví, con unos amigos, a cenar a este restaurante que conocía ya. Al ser

Volví, con unos amigos, a cenar a este restaurante que conocía ya. Al ser entre semana la cantidad de gente era menor, con bastantes mesas vacías y menos bullicio general. El vino, como siempre, muy cuidado en temperatura, proceso de decantado y, lo más importante, el precio, ajustado. La comida, mejor que en otras ocasiones. Un crujiente de marisco con raviolis bastante conseguido y un marmitako en el que había que destacar el atún, consistente y suave. 150 € tres comensales. Es una opción a tener en cuenta.

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