Nada que ver con la casa de comidas, migas, papas a lo pobre y raciones de

Nada que ver con la casa de comidas, migas, papas a lo pobre y raciones de buenas chacinas de Dúrcal que este sitio ha sido tradicionalmente. Ahora, bajo la mano de Rocío en cocina y María José en el comedor, la cocina es mucho más moderna y se ha convertido en un restaurante, no una casa de raciones como era antes.
El lugar, junto al río Dúrcal, es fresquito en verano en la terraza y muy acogedor en el coqueto comedor con chimenea en invierno. La carta de vinos es ciertamente corta, pero muestra cierto cuidado en la selección, y no decepciona (Pago de Quintana, un Ribera poco conocido sencillamente espectacular). Los vinos se sirven en copas razonablemente buenas, nada de Riedl ni Spiegelau, pero son amplias, limpias y bien cuidadas, vino decantado y a la temperatura adecuada, bien servido. Cocina imaginativa con ingredientes de excelente calidad, su chimenea encendida, y a la orilla del río, entre nogales, sauces y chopo. Excelente rabo de toro, bacalao... nunca me ha decepcionado, y he ido varias veces.

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