Calidad inmóvil

Pequeña y casi desconocida joya de la restauración zaragozana. Segunda visita, más que agradable, con un pequeño pero, inmovilismo en la carta, o por lo menos en su menú degustación, ya que después de mi segunda visita (la primera sería hace unos 5 años), me suenan varios de los platos del mismo. Compuesto por:

Aperitivos:
- Rollitos de chistorra.
- Croquetitas de boletus.

Entrantes:
- Tostadas de Micuit, manzana y mermelada de violetas.
- Rollitos de changurro con rebozuelo.
- Arroz con bacalao y alioli.

Principales:
- Dorada con mayonesa de mango y torrefacto de aceitunas negras.
- Solomillo de buey, relleno de foie, senderuelas y acompañado de fideos de arroz y 5 pimientas.

Postre:
- Tigretón (postre que recuerda al pastel del mismo nombre).

Imprescindible (todos los platos muy bien elaborados) si no se ha estado nunca, quizás poco arriesgado (un poco fáciles), y como digo estancado, pero aun así indispensable su visita.

Servicio atento y cordial, decoración y situación muy a mejorar.

Precio: 220 € de tres personas, con un Aura verdejo 2006, y un Finca Malavëina 2003.

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