Restaurante situado en el entresuelo del Hotel Panamericano, con fama de ser,(junto con La Bourgogne), el mejor restaurante de Buenos Aires.
Local amplio y con suficiente distancia entre mesas y lo mejor de todo, con una espectacular vista sobre el Obelisco.
Cocina Internacional, con platos de buena calidad, pero sin nada sorprendente.
Tomamos ensalada bresaola, (buena), confit de pato, (muy bueno) y un plato de ciervo "deshilachado" (sic), sobre puré de patatas, también bastante bueno.
Bebimos Weinert Malbec 1999, que no estaba mal. Carta de vinos centrada en Argentina, sin referencias internacionales, -no así en los licores-, con copas decentes.
Servicio demasiado envarado, especialmente la jefa de sala que parecía que le habían colocado un palo por salvada sea la parte, no le vimos una sonrisa en toda la noche; tras comentarle que nos habían cobrado una botella de agua de más, se limitó a decir "bueno", con gesto agrio y sin pedir disculpas, cosa que si hizo el camarero al traernos la cuenta corregida.
Precio, sobre 33 € por persona (114 pesos), un poco caro para la experiencia y el pais.
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