Y el periplo continua. Ayer le tocó a este clásico del carrer Laforja. Tiene cierto encanto la decoración, luz suficiente, mesas algo justas de espacio, servicio atento de la mestressa. Hay unos menus con diferentes combinaciones posibles. La comida es correcta, el provolone justito no entusiasma, la lubina bien. La carta de vinos escueta aunque con alguna propuesta interesante como el Merlot de Mas Comtal rosado, el Abadia no estaba temperado, los vasos inadecuados para el vino (son tipo zurito). Para mi lo mejor, el Tiramisu. Salimos con las dos botellas, menu, carajas y "chupitakis" por 30 EUR. A por otra cosa.
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