Desde hace años visitamos este hotel y su restaurante. Y siempre encontramos el afecto y las atenciones de sus dueños. Es un sitio bonito, limpio y la comida de la casa sabe muy bien. El pueblo y algunos rincones cercanos -especialmente en el otoño- merecen la pena recorrerlos. Nos encontramos ya como en casa. Nosotros y nuestros hijos, que son bien recibidos desde muy pequeños.
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