De nuevo por Getaria

Nueva visita a este restaurante especializado en los pescados a la parrilla y en el marisco, al igual que unos cuantos locales más de Getaria. En la anterior ocasión no quedamos excesivamente satisfechos, por lo que tenía que haber un argumento de peso para volver: su excelente carta de vinos y sus comedidos precios en este apartado (no así en los demás). Para asegurarnos mesa y, ya rizando el rizo, que fuera alguna de las que tiene vistas al Cantábrico, llamamos con varios días de antelación.

Además de por la gastronomía, Getaria anda sobrada de motivos para la visita, por lo que salimos de casa con bastante antelación para así disponer de algo de margen de tiempo antes de comer. Como la climatología era muy agradable, lo primero que hicimos fue darnos un paseo por los viñedos con los que se elabora el txakoli, amparado bajo la denominación de origen Txakoli de Getaria-Getariako Txakolina. Los cultivos cubren las laderas que desde las colinas descienden al mar, conformando un bucólico paisaje de gran originalidad. En estas fechas las labores de la vendimia aún no han dado comienzo, por lo que pudimos catar algún racimo de hondarrabi zuri, la variedad autóctona mayoritaria en este entorno, que presentaban todavía un notable grado de acidez.

Tras el paseo campestre, nos dirigimos al casco histórico del pueblo, que tiene como elementos de mayor valor la iglesia gótica de San Salvador y varias casas-torre de distintas épocas. Además de patrimonio artístico, esta zona del pueblo reúne un buen número de bares y tabernas de gran tipismo, que, lógicamente, también fueron objeto de visita, del mismo modo que varias vinoteras que se ubican en este sector.

El Kaia Kaipe se encuentra frente al puerto, al igual que otros asadores, lo que da lugar a que toda esta zona huela a pescado y carne a la brasa. Con semejantes aromas uno empieza a ensalivar y desear que llegue cuanto antes la hora de la pitanza. Quedaba ya poco, pero aún así nos dio tiempo a tomarnos un último txakoli antes de acceder al restaurante, donde, atendiendo a nuestra petición, nos tenían reservada una mesa en la mejor zona.

Teníamos claro que la cosa iba de parrilla, así que saltándonos los entrantes pedimos pescado y carne para los 4 adultos. De primero besugo, dos piezas de 1,2 kg cada una, que tras pasar por la brasa nos sirvieron emplatado acompañado por el típico refrito de ajo. Estaba realmente bueno, pero el precio de este pescado me parece desorbitado (65€/kg+iva). Por el mismo precio tenían también rodaballo, opción que yo hubiera preferido, pero esta vez me tocó ceder. Al final el importe de los dos besugos fue de 143€ (buena clavada).

De segundos las féminas pidieron solomillo a la parrilla con foie y salsa de oporto (20€ cada uno) y para mi amiguete y yo un chuletón de vacuno a compartir. La pieza, acompañada de patatas y pimientos verdes fritos, era de poco más de 1 kg, con buen sabor y razonablemente tierna. Nos cobraron por ella 51€, un precio por el que la calidad tiene que ser aún mejor.

Respecto al vino, cuentan con una carta muy amplia, que abarca todas las zonas más prestigiosas del mundo y algunas de las marcas más señeras. Un caso aparte lo constituyen los riojas, con una oferta en la que no faltan vinos de los sesenta, setenta y ochenta, algunos a precios muy accesibles. De estos últimos pedimos un excelente Carlomagno 1964 (16€), que estaba en plena forma, y un más que aceptable Monte Real 1971 (15€). Alguno dirá que cómo se nos ocurrió pedir este último siendo de una de las peores cosechas de Rioja. La verdad es que acabó en nuestra mesa por error, ya que la idea era pedir el de 1981, pero hubo un malentendido y cuando nos dimos cuenta ya era tarde. Podíamos haber reclamado el cambio, pero como el vino era disfrutable y el precio irrisorio optamos por quedarnos con él.

De postres pedimos para compartir los cuatro un par de torrijas con helado de café y un praliné de chocolate (8€ cada uno), que calificaría de simplemente correctos. Solicitamos también un par de PX: Spinola (7,50€/copa) y Noé (8,5) , que llegaron con los cafés, por cierto muy buenos.

Tras pagar la dolorosa (hoy se merecía bien ese nombre), nos dimos un paseo por el Ratón de Getaria, promontorio que se adentra en el mar y que ofrece vistas espectaculares.

  1. #21

    Limonero

    en respuesta a Joseangel
    Ver mensaje de Joseangel

    Ese crianza de 1971 está elaborado con los mismos porcentajes y uvas que el rva y gr pero el tiempo de crianza no creo que superara lis 18-24 meses. Tienes razón con la añada pésima del 71, mediocre!!! El Carlomagno 64 tiene la misma elaboración del 70, casi 60 meses en barrica, en muchas ocasiones superior al Carlos Serres GR!!!

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