Estupendo

Segunda visita en su nueva ubicación. Ya en la primera, llamaba la atención tanto la fidelidad a la cocina marroquí auténtica como la poco occidentalización de los platos, ambas características muy de agradecer. Siguiendo esta tendencia y con un cocinero autóctono, además de las ganas de agradar en cocina y en sala, el resultado no defrauda.
La carta presenta entrantes y principales, así como postres. Pedimos una ensalada Fez, con bacalao desmigado y pimiento asado, estupendamente aliñada y con un exquisito aceite de oliva. El segundo entrante fueron unas empanadillas de queso y olivas, de buena ejecución y con dos detalles de tapenade: de aceitunas negras y verdes. El principal, cous-cous de pollo, la sémola al punto de cocción, un cuarto trasero de pollo, abundante cebolla pochada, muy suave, y frutos secos que le conferían al conjunto un punto dulce. En otra ocasión pediremos picante para darle más fuerza.
Dos tipos de pan y té a la menta, que lamentablemente sirven azucarado.
Carta de vinos con opciones interesantes: nos arriesgamos con uno marroquí y acertamos, Volubilia '07, afrancesado y servido a temperatura y en copas correctas.
Espacio compuesto por una única sala, con decoración magrebí al uso, paredes encaladas, mantelería de tela y ambiente más que agradable. Si es buena la cocina, mejor aún la atención (o atenciones) de Juan: amable, servicial, cercano, profesional. De los que te hacen sentir bien a gusto en una cena o comida, ni más ni menos. Así lo reflejo en el entorno.
En mi opinión, el mejor marroquí de Valencia. Y que dure.

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