Situat en una antiga editorial, el Semproniana és un restaurant d’ambient tranquil i relaxat per sentir-s’hi com a casa. A la carta trobareu mil opcions per degustar i compartir la cuina catalana clàssica reinventada i una decoració original amb tota la gràcia, frescor i salero de l’Ada Parellada. El Semproniana és un restaurant on, a més de menjar, s’hi organitzen tallers infantils, tertúlies literàries i un munt d’activitats més.
Un dia de novembre el 1993…
… vam encendre els fogons de Semproniana.
Començàvem a oblidar l’eufòria de les Olimpíades i encaràvem el dia a dia, que és la tonada de la cançó dels oficis.
Sóc filla, néta i besnéta de restauradors, els Parellada. Fa més de dos-cents anys que la família ens dediquem a cuinar i servir plats, àpats i celebracions de tota mena. El nostre ofici, un esforç diari i continuat, és un compendi de sabor i gent, de converses i productes, d’aromes i riures, de cassoles i petons furtius, el nostre ofici es barreja amb el batec de la vida.
Amb en Santi Alegre i en Joan Pluvinet, vam llogar una antiga editorial, al bell mig de l’Eixample, substituint les lletres dels llibres per cartes amb promeses de llobarro al forn, botifarra negra per un tub, xai agredolç i delírium tremens de xocolata.
I el vam batejar SEMPRONIANA, fet que ha generat curiositat a tort i a dret. Desvetllem el perquè, doncs:
Uns vasos d’època romana, una mena de Michelin avant la lêtre, donen la pista de la via d’unió entre Cadis i Roma. En el llarg itinerari, una vil•la misteriosa no coincideix amb cap antic assentament romà. Aquesta vil•la és Semproniana, però en la zona del Vallès on geogràficament s’haurien d’haver trobat vestigis romans, no hi ha ni una mostra que l’Imperi hi hagués habitat.
A mitjan segle XX, l’historiador granollerí Josep Estrada esbossa una teoria amb la qual intenta demostrar l’existència de l’antiga vil•la romana, de nom Semproniana.
Gairebé tractant-lo de boig, tots els historiadors de la ciutat rebutgen la citada teoria.
Cinquanta anys més tard del primer apunt de l’historiador Estrada i, gràcies a les obres per a l’adequació del pavelló olímpic de handbol, es troben les primeres i úniques restes romanes.
Granollers ha de modificar la seva història escrita i demostrada fins la data.
Triar SEMPRONIANA com a nom pel nostre flamant nou espai va ser un homenatge a la perseverança d’aquelles persones que creuen en les seves idees, en les seves teories, tot i que a la pràctica no trobin les eines que les corroborin als ulls dels més incrèduls.
Avui, després de dubtar, obrir dia rere dia, passar-les de tots colors i, en definitiva, suar la cansalada, podem afirmar que l’esforç ha valgut la pena. Coherents amb les nostres idees, la perseverança ha estat la bandera que ha omplert de sentit tots i cada un dels plats que hem cuinat a Semproniana, un local batejat amb un nom ple de sentit.
Els fogons continuen en marxa coent llobarros, pollastres, salses per tots els gustos i moltes il·lusions i energies per seguir endavant.
He ido a cenar a este Restaurant, en la cena de "Tast a cegues amb amics" organizada por Vilaviniteca. Es un Restaurante ya clásico en Barcelona donde se hace una alimentació saludable, que es propio de la filosofía de la restauradora del local. La cena fue francamente buena, con unos platos en el que destacaría el arroz de Venere con queso, los canalones de butifarra negra y sobre todo el atún con cacahuetes picantes. Los vinos, en este caso seleccionados por Vila, eran toda una experiencia, un juego divertido para todos los que nos gustan los vinos. Una buena experiencia.
Cena de sábado noche con unos amigos. No conocía el local. La primera impresión fue que habían encargado a Barbie que fuese la los Encantes Viejos (http://www.encantsbcn.com/es) a comprar el atrezo para la "Alicia en el país de las maravillas" de Tim Burton. Raro, raro. Nos colocaron en la mesa de la entrada, justo enfrente de donde elaboran los postres. Lo que parecía un problema a priori, resultó una ventaja.
Aparte de la mesa de la entrada, dispone de un amplio comedor, al que se accede a través de un pasillo, donde se encuentran los aseos. Mesa de tamaño justo para los cinco que éramos. Menaje correcto. Servicio despistado (mi bebida llegó después de que la reclamase al acabarme el primer plato. Eso sí, me la trajeron dos veces). Estuvimos tranquilos, ya que no teníamos a nadie más comiendo en la misma habitación que nosotros. Disponen de carta y varios menús. Tomamos el menú "Billete de 20 €", consistente en dos primeros a elegir, dos segundos a elegir y 3 postres a elegir. Creo que también entró el agua y no sé si también mi refresco. Carta de vinos con precios demasiado cargados para una gran mayoría de referencias de gama media-baja. Creo que pidieron un vino del Montsant. Yo preferí un refresco.
De primero nos ofrecieron a elegir entre una ensalada con yogur y garbanzos con espinacas. La ensalada me pareció muy sencilla. Varios tipos de verde, como los de las bolsas del super, manzana, tomate cherry, algo que crujía (tal vez ajo) más el vinagre (¿conocéis el vino tostado Meus Amores, el que acompaña a la tarta de Santiago? No sabía que también hacen vinagre) y el aceite que añadí. La de casa me la curro más. Los garbanzos con espinacas no tenían mala pinta.
De segundo, nadie optó por la dorada. Todos pedimos el confit de pato con salsa de naranja. Si no era de lata, malo. Si lo era, también. Seco, muy seco. Y la salsa de naranja no podía disimularlo.
De postre pedí ganache de chocolate. Me dijeron que era como una mousse. Lo que me trajeron era un helado, y bastante duro. Bien de sabor.
No recuerdo si alguien tomó café.
En su página web se puede leer esto: "Hace un montón de años que Ada Parellada y el equipo de Semproniana proponen platos creativos que difícilmente encontrarás en ningún otro lugar. Pues lo que comí no me pareció nada creativo y espero no encontrarlo muy a menudo.
Lo veo más para gente joven, foodies. Yo ya no tengo edad.
De comprar el libro, ni hablar.
Hace 17 años que fui por primera vez y después de haber ido en varias ocasiones en las que había salido satisfecho en mi ultima visita ha sido un autentico desastre, no en la atención , pero si en la comida.
Huevo envuelto con patata frita. Correcto
Ensalada de pulpo. Desangelada
Croquetas. Insulsas y encima blandengues y recalentadas.
Mongetes amb foie. No sabían a nada
K de Tortilla de patata. Ultimo plato y colofón del desastre. Hecha con anterioridad. Pegada al plato y recalentada al microondas.
Enate de 50 cl.
Lugar agradable, servicio correcto y es posible que sea un lapsus de 1 dia pero no volvere a comprobarlo.
No es un restaurante muy caro tampoco es asequible pero el ambiente es muy tranquilo y acogedor.La carta es original con platos innovadores y muy atractivo para gourmets. Las raciones están bien y la carta de vinos es muy extensa y de calidad....
fuimos hace bastante tiempo, así que no recuerdo lo que comimos(mala señal) exactamente, cocina de autor, pero más pretencioso que buen resultado final. La decoración una pasada, el sitio muy acojedor, detalles muy orginales, como el formato de la carta, pero nada más. Me pareció bastante caro para lo que es. Aconsejo pedir bajo menú, sino el precio se dispara mucho.
Como la valoración es de antaño, vale la pena refrescarla aunque sea tan solo para comentar que sigue manteniendo el mismo nivel que en los últimos seis o siete años. Ello es de agradecer en muchos restaurantes, por lo que no te llevas sorpresas ni de cocina ni de servicio.
Fuimos un lunes y estaba algo vacío. Nos decantamos por un menú con seis miniplatos (tres calientes y tres fríos), entre los que cabe destacar el canelón de butifarra negra con parmesano y el cous-cous con verduritas y boquerón.
Se remata el menú con dos medias raciones de pescado(rape) y carne(magret de pato con salsa agridulce y puré de plátano). De postre dos chocolates (blanco y negro). Pedimos que nos aconsejara un vino con buena RCP y nos sirvieron un Castell de Peralada 5 Fincas. Excelente y bien servido.
Es de agradecer que algunos restaurantes mantengan el estilo, personalidad y cocina con los años. No te llevas sorpresas y en ocasiones que no quieres sorpresas, el Semproniana está ahí.
Local muy bonito y original en la ambientación, lástima que el excesivo ruido rompe un poco la “magia” del lugar (y eso que era la cena).
En lo que respecta al trato del vino, muy bien la carta, tanto por las referencias como por la organización de la carta (precio x1.5 aprox.) así como la temperatura y las copas (aunque sin marca, muy aceptables).
El servicio fue bueno sin más, quizás algo pretencioso.
En cuanto a los platos, se trata de cocina de mercado con perfil “de autor”. Bastante acertados aunque con algún plato por debajo de la media: recomiendo el brazo de gitano negro (canelón con butifarra negra y parmesano), huevo escalfado con ceps.
Precio: 40€ por persona. El restaurante indicado si buscas un lugar bonito, con una comida relativamente “moderna” y por ese precio.
Fuimos por la noche un sitio genial, un buen servicio, un lugar muy romantico y gran carta de vinos.
Realmente la comida es buena, así como el servicio de vino. Lo que no me ha gustado es un ambiente demasiado bullicioso (propiciado por los "peques" y su curso de cocina) y un vaiven continuo de camareros que agobia algo. Pero hay que reconocer una buena RCP. Puede que le dé segunda oportunidad...
El restaurante esta muy bien en todo: carta, calidad de comida, servicio y incluso entorno. Muy acogedor.
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