Nuestra impresión global del sitio en cuanto a ubicación y ambiente interior fue muy buena y el trato por parte del personal y el servicio de la mesa muy correctos.
El celler es extraordinario en cuanto a estética, conservación y con un extraordinario surtido que te muestran con muchísima ilusión y conocimientos sobre el tema. Te invitan a una copa de cava y no escatiman su tiempo a la hora de atenderte. Aunque nosotros no pudimos tomar alcohol, es un celler cuidadísimo.
Como las cosas es muy difícil que sean perfectas, en lo que consideramos que deben mejorar bastante es en organización porque el resto ya lo tienen. Sería muy sencillo poder informar al comensal antes de pedir los platos de lo que realmente te pueden servir tanto de la carta como del menú. Nosotros no somos muy exigentes y nos conformamos bastante bien pero primero nos indicaron un cordero relleno con todo lujo de detalles para decirnos al cabo de un rato que no había. El bacalao después de haberlo pedido tampoco les quedaba porque los 8 comensales de una boda lo tenían reservado con antelación. Pedimos otras opciones de primero y segundo pero les dije que me hacía ilusión probar de postre el borratxo de boniato con sorbete de farigola, justo al principio de la comida ya que de no ser así tal vez el menú de precio más asequible que la carta nos hubiera satisfecho igual. Al finalizar la comida la persona que nos atendía tomó nota de los postres y al ratito nos indican que no quedaba tampoco boniato con sorbete. Eso sí, nos trajeron una bolita de sorbete de farigola para que no nos quedásemos con mal sabor de boca. En cuanto a gestión y organización creo que les falta recorrido porque era un viernes a mediodía y aunque nosotros fuimos los primeros en llegar a comer, cuando nos fuimos el local estaba lleno. Es muy posible que esto sea una excepción en su historial pero teniendo en cuenta el nivel de la comida me parece un tontería estropear el resultado con cosas ajenas al placer de comer.
En cuanto a la comida, todos los platos que probamos fueron sorprendentes en sabor y presentación. La crema de cebolla con tupí y yema de huevo, exquisita. La ensalada de foie con pistachos garrapiñados, exquisita. Realmente el tratamiento que le dan al foie es impresionante y la vinagreta era extraordinaria, no cambiaría nada de ella. Y tuve suerte de que no me pudieran servir el bacalao porque el carpaccio de lubina salvaje era increiblemente bueno. Una presentación muy buena y el sabor de los que dejan huella. Francamente exquisito y volvería a pedir ese plato sin duda. También probamos los dados de salmón con verduras a la brasa. Justito de cantidad porque era el mismo plato que el menú pero delicioso también. Y de postres piña con espuma de coco, superior a la media y esponjoso de chocolate con helado de maracuyá, muy bueno y bien presentado.
Por último destacar el trato tan cercano y cordial que recibimos. Un sitio casi perfecto.
Saludos.
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