Precioso hotel, muy bonito, sobrio, moderno, elegante. Preciosa ubicacion, en pleno Gotico.
El restaurante es igualmente precioso, el servicio un poco cargante, sirven 2 aceites con sal gorda y especias, con una explicacion un tanto alucinante rememorandose al tiempo de los egipcios... La cocina, me defraudo, sobre todo los postres, y lo peor el tema del vino, precio en consonancia con el resto, osea carisimo, y copa Arcoroc, lo unico bueno es que haces biceps... de coger tanto peso de la copa.
Menus de 30, 60 y 90 €, nosotros cogimos el segundo... en fin no lo recomiendo para enofilos, enopatas ni enoaficionados.
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