Muy bueno, pero tampoco para tanto...

Celebre mi cumpleaños el pasado sábado en este raramente enclavado restaurante (¿¿por qué todos los grandes de la ciudad se esconden en las calles más inhóspitas??), que ascendió al finalizar la velada al olimpo que constituyen mis predilectos.

Pese a emanar desde la entrada al lugar buenas sensaciones, debo hacer ciertas críticas con la esperanza de que sirvan para mejorar a estos excelentes profesionales. En primer lugar, dotar de una iluminación algo más tenue al conjunto, apostando más por las tonalidades cálidas y no tanto por la blancura sanitaria del local. Al menos en la zona donde nos sentamos, me sentí en la sala de espera de un lujoso hospital. Pese a todo, tampoco estaba tal mal, es unicamente un matiz para quienes vamos buscando un remanso de tranquilidad y, por qué no decirlo, romanticismo. En segundo lugar, se hizo muy, pero que muy pesado, y por ende criticable, el tiempo de espera. Engullimos nuestra caña confianzo en que se respetarían los tiempos habituales, para darnos cuenta de que, una hora después de acomodados, no teniamos nada en la mesa (nada excepto unas papas que se me antojaron "insu"). Independientemente de esto (que hace que siga creyendo con mayor convicción que según tu acreditación, recibirás un mejor o peor trato, lo cual me produce cierta repulsa), lo que vino después fue infinitamente mejor.

Y ya que menciono "vino", escogimos para la ocasión y siguiendo la Guía Verema de vinos valencianos (gracias Paco :) ), un Bassus Premium francamente bueno. Referencias interesantes en la carta, con certeras descripciones de cada caldo. De agradecer para novatos como mi chica y yo. Al vino le acompañó un menú degustación de 4 platos, a saber:

Huevos rotos con blanquet, variante de los habituales, y que se ejecutaron a la perfección. No estaban oleosos, el huevo cuajadito, el blanquet en su punto, ni duro ni bladengue, y las patatas fenomenales. Com siempre digo, las cosas más sencillas y "del terreno", las mejores. Seguidamente, una terrina de conejo con foie, ES-PEC-TA-CU-LAR. Para mi, el mejor plato de la velada. La terrina en su punto de solidez y facilmente combinable con unas "lonchas" de foie que creaban un bocado exquisito. La presentación, vistosa e impecable. Mi enhorabuena a los maestros cocineros. Seguimos con un pescadito...Un bacalao macerado y cocido a fuego lento en aceite de oliva, sobre base de rissoto con boletus con un aroma y un sabor que me llegó al corazón. Para finalizar, y al igual que los huevos rotos, plato para compartir de entrecotte con papas, cortado en tiras y, en mi opinión, el plato más normalito aunque muy rico también.

El postre consistió en una crema de yema tostada abrigada por carpaccio de piña, de excelente presentación y sabor. Finalizamos con un espresso bueno, y una copa de Pacharán Baynes.

El servicio amigable en todo momento, pendiente de las existencias de pan básicamente, y notándose la diferencia existente entre el cocinero y el maitre (que con cordialidad y esmero explicaban cada plato y se mostraban muy accesibles) y el resto de camareros, que actuaban con mayor frialdad.

En resumen, un buen restaurante, auqnue sin llegar a ser el summum, como podría adivinarse a raiz de muchos comentarios. Excepto en algunos puntos, pocos pero de suma importancia, el resto fenomenal. Enhorabuena!

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