Viernes noche. Local lleno. nivel de ruído alto. a pesar de todo, la decoración del local nos gusta y la comentamos durante un rato antes de comenzar. original cubertería, pero no muy funcional. Entradas compuestas de: sashimi variado, hígado de rape (foie) muy suave, bolsitas de papel rellenas de verdura y tempura (correcta pero con un rebozado para mi gusto un tanto denso). Los entrantes agradan al grupo (11 personas). De segundo, hay pedidos variados: salmón teriyaki, pollo plancha, makisushi especial, etc... En general, la opinión es muy favorable. Nos ha sorprendido, especialmente la opción de fusión entre lo meditarráneo y lo japonés. en los postres más sorpresas, destacando un helado de te verde cubierto de judías (con un sabor muy dulce, ¿caramelo?) realmente bueno, así como una crema catalana de jenjibre, muy, muy suave. El vino, un albariño, mala elección (no por la calidad sino porque yo habría elegido otro), siempre en cubitera. Servicio amable. Cartas muy vistosas, y una apuesta original que se salda favorablemente. Lo apunto en la agenda. volveré.
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