He vuelto a repetir la experiencia del "as". Entre unos tantos restaurantes existentes en Toledo, de entre los que esperamos ciertas cualidades, he visitado cuatro antes que a los Hermanos Torres. Debía comprobar si vivía en la certeza o por el contrario estaba en ese proceso del Síndrome de Stendhal. Para ello visité ciertos y afamados lugares, "lo mejor de Toledo, de España y con restaurantes en el extranjero", me dijeron de uno de ellos. Encontrándome con un lugar lúgubre y abundnte de humedad, a la par que escaso de mesas y por que no de comida. Cuyo cementerio enológico, llamado bodega, es tan inmenso y desproporcionado que me hace dudar de ciertos vinos. Eso sin entrar en como se han de conservar para que sobrevivan. En fin, lugares oscuros, pero afamados que hacen que cuando veo a Rafa, Marcos y Raúl se me ilumine el alma, se entusiasme el estómago y rejuvenece mi espíritu. No se lo pierdan caballeros y señoras el "As de Espadas" encanta por la sinceridad de sus alimentos de primera calidad y excelentemente elaborados, enardece por el esmero del servicio de todos los que en la sala se encuentran y en especial por su gran sumiller Rafa y arrebata los sentidos por ser el lugar, bien de negocios, de tertulias, de reuniones o de fiestas que todos deseamos encontrar en el mejor restaurante que podamos imaginar. Los hermanos Torres con su conocimiento sobre la materia pero desde la humildad del trabajo bien hecho, así nos lo hace sentir.
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