Hacía tiempo que no salía tan satisfecho de un restaurante como en esta ocasión. Comimos estupéndamente, nos atendieron como a reyes y pagamos un precio casi de ganga, circunstancias que, como si de una alineación de planetas se tratara, rara vez se dan. Había leído recientemente que una de las medidas que habían tomado para atraer clientela en estos tiempos de crisis era el de congelar sus precios y vaya si lo han cumplido. En su menú degustación, que lleva varios años a 55€+IVA y cambian cada poco tiempo, han aumentado además el número de platos que lo integran. Ahora consta de 10 platos e incluye el vino y los cafés. Imposible dar más por menos.
El menú lo compusieron las siguientes preparaciones:
- Cosmopolitan cocktail: versión particular y no alcohólica del famoso cocktail. Muy bueno y refrescante
- Green capital: se trataba de una crema de queso con guisantes granizados y licuado de rúcula. Plato de excelente presentación y agradable resultado.
- Tartar de atún y ensalada de micro-vegetales con espuma de mandarina: sorprendente, pero no acabó de convencerme
- Gamba blanca y roja con caldo de portobellos: deliciosa combinación de gambas y caldo de setas
- Coca de pan-cristal con panceta ibérica ahumada: se trata de una especie de bocadillito de panceta con pure de tomate y lechugas diversas con las que tocamos el cielo. Nunca un bocadillo me supo tan bueno
- Láminas de trufa con yema de huevo a baja temperatura, tocino confitado y espuma de patata: un placer con mayúsculas. De lo mejor de la comida
- Lomo de salmonete con blinis de patata y ligero escabeche de olivas: excelente
- Magret de pato con puré de manzana y jugo de naranjas amargas: aunque el magret no me entusiasma, éste estaba muy bueno. La salsa que lo acompañaba estaba simplemente gulesca.
- Gelée de cava rosé con frutas de otoño y helado de la pasión: agradabilísimo postre, lleno de contrastes y matices
- Sopa de chocolate blanco con helado de azafrán: como el anterior postre, excelente
De vino optamos por Codorniu rosé pinot noir, cava sencillito y que, aunque no da mucho juego, me pareció mejor opción para acompañar la comida que cualquiera de los tintos que ofrecen en el menú.
Tanto el coperío, como la cubertería y la vajilla son de excelente calidad.
La profesionalidad del personal de sala, dirigido por José Luis Blanco, es también una de sus bazas principales.
Yo solo conozco uno, Maralba, que ademas estan de enhorabuena porque acaban de recibir una estrella Michelin.
Mi visita a Zaldiarán fue muy gratificante, pero tal y como puntualizé en mi comentario, algunas de las preparaciones eran demasiado clásicas, aunque muy bien ejecutadas, el sistema de variar el menu tan a menudo y a un precio tan ajustado lo hacen más que atractivo. En cuanto pueda repetiré.
Saludos.
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