He visitado este restaurante en un sin fin de ocasiones y de eventos: en pareja, en familia, con amigos, en mi boda, en la de uno de mis cuñados, en el bautizo de una de mis hijas… En esta ocasión ha sido acompañado de tres compañeros de trabajo, que hemos aprovechado un bono recibido por la empresa en concepto de agradecimiento por aportar una serie de ideas de mejora. Como el día elegido (víspera de Santiago) es una de las noches de más ambiente en Vitoria, quedamos un par de horas antes para tomar unos vinos por el centro, dejando de lado los tentadores pintxos que ofrecen en todos ellos para llegar a la mesa con las “fuerzas” intactas. El vale de regalo permite pedir el menú degustación, el mismo que ofrecen al resto de clientes. Su precio es de 55€ (+ iva) e incluye todo: comida, bebida, café, petit tours y pan. Pocos estrellados ofrecen semejante oferta a ese precio.
El menú, que con pequeñas variaciones es el que suelen ofrecer en verano, consistió en lo siguiente:
-Capuchino de foie al Pedro Ximenez.
-Gazpacho de cereza con marisco.
-Lasaña fría de verano con verduritas y muselina de piquillos.
-Crujiente de hongos con bouquet de finas hierbas y virutas de jabugo.
-Medio bogavante asado y flambeado al armagnac.
-Cordero confitado en su jugo con setas y ensalada de hinojo.
-Copa de piña colada: ron/coco/piña.
-Strudel de manzana con crema helada de canela.
Muy buen menú, sin altibajos, elaborado de manera impecable. Si tuviera que destacar algún plato sería el bogavante, terso y potente de sabor, y el cordero, presentado deshuesado y en forma de montadito, y que estaba simplemente gulesco. Para beber nos quedamos con un cava, uno de los 4 vinos que incluye el menú, todos, la verdad, de calidad muy justita, y pedimos de carta alguno más para completar la cena. Al final salieron a la palestra los siguientes:
-Codorniu rosé pinot noir (incluido en el menú)
-Pazo de Señorans 2012
-Valenciso 2005
-Imperial Reserva 2007
-Fernando de Castilla P.X.
Su carta de vinos me parece muy floja para un restaurante de su nivel, con una representación algo rácana de denominaciones de origen que no sean Rioja, que tampoco cuenta con demasiadas referencias. La presencia de vinos extranjeros es muy reducida, pero no faltan algunos de los vinos míticos de Burdeos y Borgoña, además de algún blanco alemán de alta gama, eso sí, a precios elevados. Inexplicable también que no se mencione en la carta las añadas. Menos mal que las copas son Riedel y el servicio de altura.
Pues entre risas, tomando café y algún destilado, se nos dieron sin darnos cuenta casi las 2 de la mañana, sin que viéramos una mala cara en ninguno de los profesionales que atienden la sala. Volveremos sin duda (quizás la próxima con amigos veremeros), pues se trata de un local en el que siempre sabes que vas comer de manera excelente y a muy buen precio.