Fuimos a este restaurante de casualidad para celebrar el segundo aniversario de novios.
Es un restaurante en una calle muy tranquila de Madrid, pequeño, con pocas mesas, pero muy acogedor y muy íntimo.
Empezamos con un aperitivo que nos sirvieron, consistente en caldo casero y una empanadilla de chorizo.
Nosotros pedimos de primero un carpaccio de lenguado y salmón, y unas setas japonesas con una salsa.
De segundo un solomillo de carne argentina y unas capelettis de gorgonzola (pasta rellena de jamón de queso).
Para terminar, de postre un mousse de dulce de leche y un sorbete de fresas al cava.
Y al final nos sirvieron un chupito de manzana sin coste alguno, de regalo de la casa.
Todo está a un nivel bastante bueno y el precio es bastante asequible a lo que se paga en Madrid para un restaurante de este estilo, 75€ 2 personas.
El servicio fue muy rápido, las camareras muy atentas y los platos abundantes.
No tomamos vino.
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