Restaurante turístico

El Alto de Colon se sitúa en un magnífico local. Resulta amplio, espacioso, con buena distrbución de mesas. Su cocina es de mercado, producto de calidad con escasa elaboración y bien ejecutado. Empezamos con dos copas de Dominio de la Vega brut reserva especial (5€) mientras consultábamos una carta no demasiado extensa. Optamos por dos platos para compartir como entradas (servidos en medias raciones por comensal): Pulpo con ajoblanco (19€), muy bueno y perfecta la combinación, y gamba en tartar (19€), plato correcto pero que no resulta destacable. De segundo lubina salvaje (27€), sabrosos lomos en el punto óptimo de cocción. Acompañamos con un Dominio de Atauta 2004 (37€) servido a buena temperatura. La carta de vinos no es destacable, aunque presenta alguna buena referencia. Se nos avisó que muchos vinos de la carta no los tenían, aunque en nuestro caso no hubo problema. Coincido con el comentario anterior, copas de vino excesivamente llenas para evitar servir en más ocasiones. Rechazable tener que elegir el postre al principio junto al resto de los platos (desde los menús de estudiante no había visto esto, a excepción de algún postre especial que va advertido en la propia carta). Coca en llanda (8€), muy correcta que recuerda al desgarro de panetone de El Poblet, y la torrija de orxata con helado (8€) muy destacable y recomendable. Cafés correctos (1,75€) y servicio de mesa, que incluye el pan distintos tipos de pan (3€). Servicio discreto. Un restaurante a enmarcar dentro del circuito turístico clásico de la ciudad. Sin más.

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