Coqueto restaurante situado en el altillo del mercado de Colón, exquisitamente decorado y techo abovedado con mosaicos antiguos.
Sillas muy cómodas y mesas amplias (lástima de mantel que sobra como medio metro y desacansa en el suelo).
Cocina de mercado con excelente materia prima, buena presentación y puntos de cocción óptimos. Lástima esas migas que desmerecen el conjunto de la carta, el resto excelente, com un pescado de San Pedro y una carrillada de concurso.
El servicio del vino es correcto, sin más, la cristalería (Rona) de calidad pero para los precios a los que tienen los vinos (algo más de el doble de su valor en tienda), podrían envinar y prestar mayor atención al servicio de éste. Carta extensa y bien escogida.
En lineas generales me ha gustado, pero la RCP no la veo muy ajustada.
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