Estoy totalmente de acuerdo con el segundo comentario acerca de este restaurante: está en franco declive.
No dudo que hace unos años fuera uno de los sitios de referencia de la cocina vasca en Madrid, pero desde luego hoy en día deja bastante que desear. Los entrantes que pedimos fueron de lo más mediocre: el jamón ibérico no valía un duro, el lomo estaba seco, las anchoas muy normalitas... solo se salvó la ración de pimientos. Los segundos platos, solo "pasables".
La decoración añeja y descuidada. Me sentaron en la terraza y hacía mucho calor.
El servicio del vino, correcto.
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