Pero su punto fuerte, sin menospreciar su cocina, es sin dudas todo lo relacionado con el vino y su servicio, no en vano, este apartado lo lleva el hijo de Cesc, César Cánovas, cuyo prestigio, forjado a base de ganar campeonatos de Sommeliers, tanto a nivel nacional, como internacional, y un trabajo constante, dotan a su carta de vinos, como una de las más variadas y “divertidas” (Para los enochalaos es una gozada) selecciones de vinos de toda la ciudad. Referencias virtualmente inexistente a precios comedidos (Hermitage 96 de J.L. Chave a 84 euros, La Fleur de Boüard 99 a 31 euros, Dr. Burking-Wolf Rupertsberger Gaisböl Riesling 98 a 32 euros, Alliet Chinon Coteaux de Noirée 2000 a 22 euros y un largo etc.). Carta compensadísima por todos lados, con la opción de unos cuantos vinos generosos y dulces servidos a copas. La cristalería utilizada es sobretodo Spiegelau, pero también utilizan otras, en caso particulares, como en la decantación.
En el subterráneo tiene una cámara climati
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