Restaurante Miró Cuina

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Datos de Miró Cuina
Precio Medio:
45 €
Valoración Media:
7.8 10
Servicio del vino:
7.8 10
Comida:
8.5 10
Entorno:
7.0 10
Calidad-precio:
7.8 10
Fotos:
0
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Mediterránea
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 33,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


2 Opiniones de Miró Cuina

El viernes más caluroso de los últimos 70 años en territorio valenciano decidimos pasarlo a la intemperie, con buena compañía, buen vino y, por supuesto, buena comida.

La Vall de la Gallinera es un enclave único en la comarca de “La Marina Alta” y la constante proliferación de restaurantes donde prima el producto de proximidad tratado de forma excelsa no es más que otro motivo para dejarse envolver por este precioso lugar. En esta situación se encuentra Miró cuina, una antigua escuela reconvertida en restaurante donde lo importante, se mire por donde se mire, se encuentra en el plato.

En esta ocasión y, contrariamente a mi anterior visita, cenamos en el exterior, así que os ahorraré los detalles decorativos y pasaremos directamente al menú. Como viene siendo habitual, la carta apenas se compone de unas 15 propuestas, más 3 o 4 fuera de carta.

Mientras intentábamos refrescarnos con 4 cervezas, decidimos la degustación, que fue la siguiente:

. Pepito de titaina: Un gran bocado para empezar. Se trata de un bocadillo o buñuelo relleno del guiso valenciano, sin exceso alguno de aceite y con un crujiente excepcional.

. Gamba blanca: Hervida durante apenas 50 segundos, tal como nos indican desde cocina, y al punto de sal. Un bocado sencillo y de gran cantidad sápida.

.Puntilla de calamar en tempura: Un plato excelente. El calamar mantiene un sabor excepcional y la tempura es fina y nada aceitosa. Muy buen plato. En este caso, no obstante, advertimos que la cantidad en el plato era más bien escaso, cosa que me resultó incomprensible.

. “Sepionet” en su tinta con oreja de cerdo: La oreja perfectamente gelatinosa y sabrosa junto al cefalópodo en su tinta otorgan una gran combinación de sabor. De nuevo algo falto de cantidad.

. Secreto 100% bellota: La carne apenas tratada y perfectamente laminada se acompaña de una bechamel de naranja que propicia un toque fresco al conjunto. Muy bueno.

. Paletilla de cordero: El mejor plato de cuántos degustamos, sin duda. 4 raciones de la paletilla se nos presentan en un plato hondo. Al traerlo, se remarca el producto de proximidad y se nos advierte de que se ha cocinado durante 16 horas. Acompañan a la carne unas tiras de manzana, higos y una mousse de menta que aporta un punto refrescante sin tocar para nada el sabor final del producto.

Debo mencionar, no sin cierta decepción, que el servicio en muchas ocasiones fue muy lento, dejando un lapso temporal entre platos fuera de lo común y sin una explicación aparente ya que tan solo contamos 5 mesas, siendo la nuestra la más concurrida. Una lástima.

Una vez finalizada la parte salada, escogimos dos postres, todos ellos caseros:

. Crujiente de piña: Bajo una Oblea crujiente, encontramos frutos ácidos y una especie de sorbete de piña muy refrescante y agradable.

. Milhojas de aguacate: Una apuesta muy arriesgada que no gustó en mesa. El aguacate suaviza en cierto modo la sequedad de las galletas que realizan el “sandwich”. No es un gran acierto.

Para rematar la velada pedimos 3 trufas y tres cafés (por aquello de tenerlo en cuenta en el precio final: 33 €) que cerraron la calurosa noche.

En el apartado líquido, no disponen de carta sino que poseen una especie de bodega en el interior donde se exponen las diferentes referencias en su haber con el precio en bodega y el precio en restaurante ( a todas se les cargan 5 € a su precio inicial). Para esta ocasión escogimos un Pepe Mendoza (DO Alicante) a base de Monastrell y sirah que gustó a todos quienes lo probamos.

Pasada la una de la madrugada abandonamos el restaurante con una sensación agridulce (al menos por mi parte), puesto que, si bien la comida fue de un alto nivel, no pudimos entender la escasez en algunos pases, así como el tiempo entre los mismos, una auténtica lástima.

Le daré una tercera oportunidad para remediarlo.

Hablar de las excelencias y el encanto de La Vall de Gallinera me llevaría un post completo y tampoco creo que sea éste el foro adecuado para hacerlo. Solo comentar que se trata de un valle interior pero a poca distancia del mar en el norte de la provincia de Alicante. EL municipio lo conforman ocho diminutos núcleos de población que suman en total poco más de 700 habitantes. La zona cuenta con una tradición agrícola muy importante siendo el olivo y la cereza los culticos más extendidos en los campos. Paralelamente a ello, las gentes de La Gallinera han sabido explotar otras fuentes de riqueza como el turismo rural y la gastronomía. Los fines de semana los pueblecitos colman mucha vida con personas que se acercan a hacer rutas de senderismo, grupos de ciclistas, familias que llegan para comer o para alojarse en las distintas viviendas rurales. Iniciativas como la fiesta del aceite, la de la cereza o la alineación solar con La Foradà potencian aún más el atractivo turístico de la zona.

En uno de esos pequeños pueblos, Benirrama, en la antigua escuela se sitúa este restaurante que poco a poco va creándose su fama entre los habitantes de La Marina y que reúne un buen número de valoraciones positivas en los portales de gastronomía más populares. La sala se sitúa en lo que se presupone la única aula del antiguo colegio. El espacio es amplio y diáfano lo cual permite una buena separación entre las mesas. A pesar de conservar algunos elementos ciertamente viejos, como el pavimento, se ha decorado con gusto y resulta un salón muy acogedor. Una estufa de leña contribuye más aún a dotar de calidez y encanto al restaurante.

La carta se basa en la cocina mediterránea con guiños al recetario tradicional de la comarca y toques más modernos y creativos. No es muy extensa pero se complementa con unas cuantas sugerencias que se cantan a la hora de distribuir las cartas entre los comensales. Todas las propuestas son para compartir y recibimos en acertado consejo de pedir unas seis raciones para los tres comensales que hoy compartimos mesa. Antes de disfrutar de los platos que pedimos nos obsequian con un aperitivo de bienvenida: capallà a la brasa con pan y tomate rallado. Lo acompañamos de unos vermuts y cervezas.

- Pepito de titaina: nos sirven uno por cada comensal. Se trata de un pequeño bocadillo frito exento de aceitosidad con el típico relleno valenciano de tomate y atún. Un buen bocado para abrir la comida.

- Sashimi caliente de salmonete con garbanzos: Realmente rico y excelentemente presentado. Sobre el guiso templado de garbanzos se sirve el lomo del salmonete fileteado en finos cortes y totalmente crudo.

- Puntilla de calamar salteada con habitas y oreja de cerdo: Delicioso, el mejor palto. El calamar es pura mantequilla pero con un sabor intenso y repleto de personalidad. La oreja perfectamente cocinada y las habitas muy tiernas y con un sabor destacable.

- Mollejas con puré de patatas y níscalos: Otra gran combinación. Las mollejas se confitan y después se terminan a la plancha. Su textura nos resulta cautivadora. Por poner un pero al plato quedó un pelín subido el punto de ajo con el que se condimenta el conjunto.

- Tajín de cordero: Se usa carne que se produce en el mismo valle y el resultado es ciertamente espectacular. La carne espectacularmente tierna se separa sin apenas dificultad. Suave y rica la condimentación con las especias.

- Lomo alto de vaca con tirabeques y guisantes al estilo thai: Otro gran plato. La carne se presenta loncheada y levemente cocinada. Se acompaña con las verduras al dente y un fondo concentrado de carne especiado al estilo tailandés: jengibre, cilantro, citronela…

- Aguacate y mermelada de frambuesas: El fondo del plato lo conforma una crema de aguacate sin azúcar añadido. Sobre ella se dispone una teja crujiente y se remata el conjunto con unas motas de una mermelada casera de frambuesas. Postre exento de dulzor, cosa que algunos agradecemos, pero que se sirve a temperatura ambiente. Se echa en falta una temperatura más baja.

- Tarta de manzana: En el fondo del plato unas manzanas asadas con caramelo que se sirven calientes. Sobre ellas un rico hojaldre y, como culminación, una bola de helado de manzana. Un buen remate.

No existe la carta de vinos impresa. Se aconseja acercarse a la estantería y escoger el vino que se desea tomar. Quedamos gratamente sorprendidos por la gran selección de vinos que disponen tanto espumosos, blancos, tintos y dulces. Cada botella esta etiquetada con dos precios: el de tienda y el que supone disfrutarlo en el restaurante. Elegimos Les Cousins L’antagonique, vino blanco que no conocíamos bastante peculiar por su color cuasi rosado que se elabora con varias uvas y Valtosca 2017 (DO Jumilla). Hubo también algún que otro chupito y unos GT de Martin Millers y Hendricks para acabar (téngase en cuenta en el precio final).

No me gustaría acabar sin hacer una mención al servicio que estuvo atento, simpático y eficaz durante toda la comida y por parte de quienes se acercaron a nuestra mesa en el transcurso de la misma. Otro de los puntos fuertes de esta casa.

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