Un lugar encantador, a los pies del Puig de María. El lugar es un antiguo convento, de estructura rectangular, reformado para la familia Suau (H. Cala Sant Vicenç), con un estilo muy minimalista (ambientación un tanto “Chill out”).
El restaurante actualmente es llevado por Ferran Casellas, como maitre y Jordi Palomino como sommelier, dando un trato amable, pero a la vez fresco y joven. En los fogones, como jefe de cocina, está Joan Marc Garcías, que pese a ser catalán, parece saber interpretar la cocina de mercado mallorquina, con un buen toque internacional. El trato del servicio de sala es el adecuado al nivel del entorno. El menú degustación bien elaborado y con algún punto de genialidad, es una opción recomendable (63 euros por persona). Respecto a los vinos, al finalizar la cena, Jordi, me ofreció la oportunidad de visitar su bodega, una preciosa cámara climatizada, llena de un buen puñado de referencias, tanto nacionales como internacionales, pero donde se notaba cierto vací
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