Entorno encantador, al lado del Nalón, ambiente íntimo y con una carta (en continua renovación) aparentemente sencilla, pero magistralmente resuelta por Pedro Martino.
Entre dos, tomamos tres entrantes: crema de fabada con virutas de ibérico (bien), setas silvestres con yema montada (lo + flojo), torta de arroz tostada con cigalas (espectacular); de segundos: salmonetes deslomados en jugo mentolado (muy bueno) y cola de cerdo ibérico con trufa (sabrosísimo, aunque las trufas no aportan nada); de postre: souffle de avellana con helado de chocolate (el mejor postre que recuerdo y encima elaborado por el chef, que parece ser tb un espléndido repostero).
Pedro, muy simpático, salió a saludar a los comensales aceptando las sugerencias.
Carta de vino corta, pero atractiva y con precios muy ajustados: Alion02: 35€, Pintia y Numanthia: 35€; Pétalos del Bierzo: 18€. Copas Spigelau y + que correcto servicio de vino y sala. Precio 50€ + vino + iva. Salimos encantados.
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