Aprovechando el comentario anterior, tan solo quisiera comentar que nosotros no encontramos el local tan ruidoso y nos cambiaron los cubiertos en varias ocasiones. Respecto a las copas, las que nos pusieron para el cava no nos gustaron y nos dejaron las del vino. Nos pareció que sólo tenían dos modelos.
Cocina vista al fondo de la sala. El servicio fue bastante disperso y despistado, tal vez debido a que no quedaba una sola mesa libre. En varias ocasiones tuvimos que recordar lo que habíamos pedido. Se salvó gracias a la camarera más mayor y a uno de los cocineros que salía de vez en cuando a la sala.
Carta con mezcla de cocina tradicional y de autor. Ofrecen un menú entre semana a 13,-€ y un menú degustación por 50,-€. Carta de vinos modesta con precios por debajo de x2. Servicio consistente en la apertura. Nos pusieron una cubitera bien preparada sin tener que pedirla.
Cena familiar para celebrar el cumpleaños de mi hijo. Tomamos unos entrantes para compartir y un principal para cada uno. La "tarta" la eligieron ellos, y no nos defraudaron.
Para empezar:
- Patatas bravas (4,-€) - Estando mi hijo, inevitables. Aunque no me gustan con la piel, la salsa estaba muy, muy buena... pero poco picante.
- Steak tartar (20,-€) - Textura muy buena, pero flojito de sabor para nuestro gusto.
- Cargols a l'adoba (13,-€) - Deliciosos, pero con demasiados trozos de conchas.
De plato principal:
- Tartar de cigalas (24,-€) - Lo mejor de la noche. Simplemente espectacular. Como curiosidad, sólo quedaba uno y como fuimos de los primeros en llegar... ;-)
- Costilla de vaca cocida a baja temperatura con chimichurri (13,-€) - Tierna y sabrosa... La vida es mejor con chimichurri. Por poner una pega, el alioli de ajo negro no encontramos que aportase nada.
- Cabrito empanado (12,-€) - Servido con un poco de alioli de ajo negro. Pedí que me pusiesen alioli "normal" y si no llega a ser por el cocinero, todavía estoy esperando a la camarera jovencita que nos atendió. Me lo comí algo frío, pero estaban muy bueno.
Pedimos un par de servicios de pan, hecho por ellos mismos y que nos gustó muchísimo. Y no nos los cobraron :-O
De postre, un semifrío de chocolate blanco y negro (13,-€) que desapareció a pesar de su más que respetable tamaño.
Para beber, un refresco (1,80€), una botella de agua "marca blanca" (1,50€), una botella de Recaredo Terrers (25,-€) y un cortado (1,40€). Otra vez tuve que recordar a la camarera jovencita que habíamos pedido un cortado...
Buenas presentaciones y raciones bastante generosas. Vimos pasar más de media docena de chuletones y varios clientes preguntaron por el tartar de cigalas... Salvo por el servicio y alguna cosilla mejorable en los platos, estupenda velada.
Dispone de aparcamiento. El precio corresponde a lo que tomé yo.