La tradición gallega con una magnífica materia prima.

No se bien si fue por la fecha, noche del día de reyes, o porque se trataba del primer día de actividad del restaurante tras un periodo vacacional, creo que de dos semanas, pero la cuestión es que mi mujer y yo ocupábamos la única mesa del restaurante, así que nuestra experiencia seguramente sea un poco especial y quizá por ello este comentario sea de menor utilidad.
La sala, como decía, estaba vacía, ello no obstante me pareció acogedora, con una decoración sobria y elegante. Me pareció observar también que disponían de algún reservado con muy buen aspecto. Las mesas bien montadas y con una distancia correcta entre ellas.
El servicio fue estupendo, efectivo, amable y cercano, sin llegar a ser una cercanía molesta, diría que en su justo punto, desconozco como sería un día “normal”.
En cuanto a la comida, de corte absolutamente clásico, sin concesiones en ese sentido, sabrosa, con poco riesgo eso sí, pero con unas preparaciones y puntos de cocción que traen a la memoria los mejores recuerdos culinarios en familia, en mi caso los veranos de mi infancia con mis padres en Sansenxo (Sangenjo en mi memoria).
No quiero olvidarme de comentar la calidad del pan, de estilo gallego, como no podía ser de otra forma, nos pareció fantástico, auténtico, como para comerse una hogaza (de hecho creo que nos la comimos).
Antes de nada, conviene advertir a futuros comensales del tamaño de las raciones ya que son verdaderamente grandes. Comenzamos con la imprescindible empanada de maíz con berberechos. Tal y como se ha referido en comentarios anteriores se elabora con los berberechos enteros, con su concha y se termina de preparar en la sala, al parecer no es una innovación si no una preparación tradicional en Galicia (lo desconocía). El caso es que así el molusco no se reseca y mantiene todo su sabor y jugosidad, aportando un maravilloso gusto marino a la empanada. Fantástico plato, eso sí, ración perfecta para compartir entre cuatro.
A continuación el huevo de gallina celta con setas y parmentier trufado, muy bueno, un plato untuoso y lleno de sabor. Un valor seguro teniendo en cuenta la materia prima con la que trabajan en el grupo al que pertenece el restaurante.
Como segundos platos, un pichón irreprochable y una cazuela de raya, que si bien estaba bueno, creo que le faltaba un punto para ser magnífica y en todo caso le sobraban los guisantes, que no estaban a la altura de la calidad del pescado.
No pudimos llegar a los postres, aunque nos invitaron a un buen roscón de reyes con nata.
En el tema bebidas una destacable oferta de vinos gallegos, con una buena selección de tintos, que personalmente me encantan. En nuestro caso optamos por un Torna Dos Pasas tinto, que gracias a su acidez y frescura, acompañó magníficamente a todos los platos. Antes del vino tomamos un vermut que no conocíamos, llamado Petroni, elaborado con albariño, soberbio, todo un descubrimiento.
En definitiva creo que puede ser el paradigma del “confort food”, con una materia prima de muy alta calidad. Espero que el tema de la sala vacía no sea más que una casualidad, porque creo que es un restaurante que merece mucho la pena.

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