Preferimos la informalidad de la "taberna" (las mesitas que hay en el espacio dedicado a la barra) y como tal nos encantó. Local de aire antiguo lleno de fotografías de famosos que los han visitado y eventos organizados (aire "típico"). Compartimos cuatro raciones entre dos (realmente muy generosas, hasta el punto de no poder acabar con todo en la comida del mediodía): exquisito el salmorejo (por su fina textura), las bolitas de flamenquines (no sé como consiguen hacerlas tan pequeñas y uniformes), pisto cordobés con huevo frito y puntas de solomillo con setas en salsa de vino. Muy buen servicio (un atento camarero llamado Pepe), cristalería "normal" para esa especificidad de taberna (no pedí la carta de vinos). Tomamos 3 cervezas, 1 fino y 2 copas de Izadi y la cuenta no alcanzó los 60 €. Para repetir sin dudar
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