Restaurante Asador Los Cántaros en Zaragoza

Restaurante Asador Los Cántaros

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Datos de Asador Los Cántaros
Precio Medio:
24 €
Valoración Media:
- 10
Servicio del vino:
- 10
Comida:
- 10
Entorno:
- 10
Calidad-precio:
- 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Aragonesa
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 24,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


1 Opiniones de Asador Los Cántaros

Desconozco el motivo por el cual “de toda la vida del Señor” los asadores aragoneses han estado ubicados en las salidas de Zaragoza. A pillar coche toca.

De estudiantes, para almorzar tras una noche de juerga te ibas a tomar unas migas a una de estas salidas y al día siguiente, a lo mejor acababas en el mismo lugar con tus padres y resto de familia comiendo costillicas.

Los Cántaros, aunque no el más viejo, sí que es buen ejemplo de lo comentado, en este caso en la carretera de Logroño, saliendo, al poco de pasar la Pikolín. Está ahí, en plena carretera, en una vía de servicio de esta, dando la cara hacia la misma desde una nave del polígono.

Entras y sientes frescura, con los techos altos, paredes encaladas, efecto cueva… El comedor es muy espacioso, y dentro tiene grandes salas para BBCs. Decoración rústica, humilde, de mesón, como su mobiliario de madera, con cierto saborcillo.

Cocina típica de asador aragonés. Pues eso: miguicas, longaniza, caracoles, cordero, escabeches…

Había un menú por 18€ "todo incluido” muy atractivo. Lo pedimos, pero añadiendo de entrada unos caracoles, fuera de menú.

Caracoles a la brasa.
Migas del Mesón.
Conejo en escabeche.

Los caracoles a la brasa son el pato estrella de Los Cántaros, han ganado de hecho varios concursos. Buenos caracoles, bien purgados, punto perfecto de brasa y presentados en bonito cajoncillo de secreter con una plancha dentro. Muy ricos, sí señor.

Las migas, correctas, y el conejo escabeche, muy tenue el escabechado, de modo buscado, sí, para resaltar la carne, sí, pero no es como a mí más me gusta.

El vino que entraba en el menú era un Viñas del Vero tinto 2014, de él tiramos, añadiendo una copa de inicio de la misma casa pero blanco.

Servicio cariñoso, muy “de mesón”, muy mañico, bien. Destacaba entre ellos un señor de más de 80 años agradable a rabiar que, cómo no, resultó ser el dueño.

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