En una casona de piedra de Santiago se instala este restaurante que puede alcanzar importancia en el futuro. Precios razonables para una cocina en desarrollo, pero con potencial. Servicio joven , amable y explicativo. Carta de vinos sencilla, centrada en Galicia, lógico. Tuve la sensación de disfrutar grandes primeros, creativos, sin excesos, diferentes que parecen llegar al cenit con la sardina ahumada, con romero y sobre base de pimiento de Padrón picante. Un plato humilde y grande a la vez, donde la transición de aromas , sabores y texturas entre la magnífica sardina y la crema de pimiento se produce sin solapamientos y con maestría. Cierta decepción con los segundos, que ese día no alcanzaron la excelencia de los primeros y que nos saturaron un poco. Postres sin historia aunque en la linea creativa y personal de la casa.

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