Restaurante Novodabo en Zaragoza
  

Restaurante Novodabo

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Datos de Novodabo
Precio Medio:
65 €
Valoración Media:
7.0 10
Servicio del vino:
8.5 10
Comida:
6.0 10
Entorno:
8.5 10
Calidad-precio:
4.5 10
Fotos:
 
País:
España

Provincia:
Localidad:
Dirección:
Código postal:
Tipo de cocina: Añadir tipo de cocina
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 50,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


3 Opiniones de Novodabo

Este restaurante puede mejorar y mucho , estoy seguro. Necesita replantear su cocina , darle un nuevo impulso , más emoción y contenido. El lugar lo merece y las expectativas del inicio también. Creo que hay talento , potencial y condiciones físicas , pero si no se reactualiza va camino de caer en la más absoluta decadencia o en una especie de lujo olvidado que no merece. A ver...

Dia de lluvia importante en Zaragoza, para nuestra ultima jornada en la ciudad, que aprovechamos para descubrir el interior de algunos monumentos que todavía no habíamos visitado y para hacer algunas compras, antes de ir a cenar al restaurante Novodabo donde nos habíamos citado a las 21h con Joaquín y Esperanza, su esposa.

Este restaurante, ubicado en una zona prestigiosa de Zaragoza, está en pleno centro de la ciudad ,en la Plaza Aragón, en un palacete del siglo pasado perfectamente decorado, con altos techos artesonados de madera y en el que en sus paredes predominan los colores rojo y azul, los amplios ventanales le otorgan mucha luminosidad al comedor. Se respira elegancia por los cuatro costados. El ambiente es lujoso, pero no snob, es acogedor y hace que uno se sienta muy a gusto.

Al frente de la cocina se encuentra el joven Chef David Boldova, del que no voy a hacer mención de su CV pues todo o casi todo se ha dicho ya en los numerosos comentarios precedentes de Verema, en su antigua dirección y en la actual. Recordar únicamente que posee un Sol en la guía Repsol y está recomendado por la guía Michelin, y que además en el año 2015 la Academia aragonesa de gastronomía lo nominó como el mejor restaurante de Aragón.

Su cocina yo la definiría como una cocina de autor en la que sin perder sus raíces aragonesas, la pone al día y la transforma combinando sabores y texturas que provienen de otros lugares de España, principalmente los productos del mar.

Las mesas están muy bien vestidas, con buenos manteles, buenas servilletas y vajilla y cubertería acordes con el standing del restaurante. Son amplias y están muy bien separadas las unas de las otras.

El servicio de sala es atento, amable y discreto. El servicio del vino, es muy bueno, aunque mi atención estuvo fijada sobre todo en las dos botellas de Rioja de la añada del 1981 que Joaquin tuvo la gentileza de traer para honorarnos y deleitarnos durante buena parte de la cena conmemorando al mismo tiempo una fecha muy importante para MC y para mi. Un detallazo !!! No lo olvidaremos nunca. Desde aqui te lo agradezco públicamente, me emocionantes.

Tras ojear la carta nos decidimos de común acuerdo por tomar el menú degustación, que precisamente cambiaba ese día, compuesto de un aperitivo, cinco platos y dos postres.

Voy a enumerar los platos sin entrar en el detalle de cada uno de ellos, pues no tomé ninguna nota, únicamente haré un comentario general al final.
El factor humano fue en este caso mucho mas importante que el gastronómico y la animada conversación mantenida con Joaquin y Esperanza, nuestros nuevos amigos zaragozanos, fue lo que mas me impactó.

Paso a enumerar el menú :

Aperitivos :

Aceitunas rellenas y ferreros rocher de foie-gras

Siguieron los siguientes platos :

Entrantes:

Anchoas a la brasa con berenjena asada y mojo de tomate

Ostra en tempura con mahonesa de lima y tuétano reducido

Carabinero- panceta- maracuyá

Pescado :

Merluza de pincho con navaja plancha, lemongrass y aire de limón

Carne :

Carré de ternasco con melón, foie-gras y hojas de menta

Postres :

Naranja con queso y pimienta

Otra versión de fresas con nata

Debo decir, que ningún plato me quedará en el recuerdo, su cocina es buena, bien elaborada, trabaja con excelentes productos de calidad, cenamos bien, pero no sé... le falta algo, yo diría que no tiene duende, me pareció una cocina sin chispa.

Para beber tomamos una botella de agua y tres botellas de vino, una de vino blanco, creo que era un Enate Chardonnay y las dos botellas de Rioja de 1981, regalo inestimable de Joaquin. Le dejo el placer de comentar los vinos si él lo cree necesario.

Finalizamos con unos cafés.

La cuenta ascendió a 67,50 €/persona. RCP Correcta. Una velada inolvidable, un gran momento, gracias a la compañía de Esperanza y Joaquin, que esperamos poder reiterar en otras próximas ocasiones.

  • Otra versión de fresas con nata

  • Carré de ternasco con melón, foie-gras y hojas de menta

  • Merluza de pincho con navaja plancha, lemongrass y aire de limón

  • Carabinero- panceta- maracuyá

  • Ostra en tempura con mahonesa de lima y tuétano reducido

  • Riojas 1981

Novodabo, ese restaurante que desde el discreto barrio de La Romareda sorprendió rompiendo moldes y levantando grandes expectativas, se mudó en enero al más rabioso centro de la ciudad, la privilegiada y exclusiva Plaza Aragón, y además en la zona de más clase de la misma.

El local es realmente chic. Se accede a él desde la planta calle pasando una maravillosa reja de forja y subiendo unos pocos escalones. Nos encontramos pues en el piso Principal. Sabemos todos que se llamaron de este modo a los primeros pisos por ser los más caros y los que albergaban a los más pudientes, a los “principales”, ya que por entonces no había ascensores. Como sabéis, se distinguen del resto de los pisos de la misma finca porque suelen tener los techos más altos, las molduras más trabajadas, quizás algún arco y otros detalles.

Siempre me han hecho mucha gracia esas fincas de finales del XIX y principios del XX que tienen Principal A (este es el verdadero), Principal B… y hasta Principal C, que no es sino un tercero.

Dejando ya estas divagaciones nos centramos en el local, un pedazo de Principal de una finca-palacete, en el que se respira un clasicismo absoluto, con vidrieras, techos altísimos con artesonados de madera, frescos, arañas de cristal de roca... La música de violín de fondo exacerba esa sensación, esa atmósfera, a la que intentan poner el contrapunto -sin conseguirlo- con unos magníficos cuadros impresionistas de escenas urbanas actuales, muy grises, coches y cemento escondidos tras esos brochazos tan propios de la citada corriente pictórica.

Ofrecían dos menús degustación, estábamos ya trabajaditos del fin de semana largo y por tanto optamos por el corto, llamado “Menú Gastronómico”, que daba cabida a los siguientes platos:

Carpaccio de pulpo, patata confitada y trufa de verano.
Merluza de pincho con champiñón y pepino.
Lomo de vaca a la brasa con patatas asadas y minicebolletas asadas.
Degustación de quesos de Aragón.
Nueva versión de fresas con cava.

Por tan solo 5€ más te maridaban el menú, pregunté qué vinos eran y si íbamos a pasar sed, a lo que nos contestaron que eran de Alianza de Garapiteros y que no, que no íbamos a pasar sed, así que aceptamos la propuesta. El primero fue un blanco de Somontano, un fresco y untuoso coupage de chardonnay, sauvignon blanc y gewürztraminer con breve paso por roble francés, Glárima 2013, y el tinto un viejo conocido, el laminero y juguetón Alquez 2011, una garnacha vieja bilbilitana muy atractiva. Correctamente servidos en copas Schott.

Y no pasamos sed. Buen maridaje, sin racanerías. ¡Aaaaaacierto!

Pero el maridaje más logrado fue el que conformaron los quesos y una cerveza que por sí sola no me dice nada y que sin embargo con los quesos formó una pareja de baile deliciosa, la Mort Subite, con marcadísimo sabor a cerezas. Bien, bien. Queso con cerveza de cerezas. Tomo nota.

La apuesta culinaria… nos dejó un poco fríos, la verdad. La cocina del David Boldova de La Romareda no la ha trasladado a Plaza Aragón. Como si se hubiera dejado llevar por el marco, se ha tornado más clásica, más tradicional, más previsible… aunque también más sólida. Se basa en el producto, de mucha calidad, pero ya no tiene esa magia que desplegaba antes. Bueno, eso de “ya” lo voy a matizar: “la noche de autos”.

Ahora que… le funciona. Lleno a reventar, y eso que Zaragoza estaba literalmente vacía en el puente de agosto.

Precios ajustados, buen producto, marco incomparable y hombre, algo de “toque” queda.

Cenamos bien, pero sin magia.

Los quesos aragoneses fueron sólo dos (¡qué menos que poner tres hombre!) pero excelentes: Pañoleta y Moho Blanco, un curado amarillento de leche cruda de oveja el primero y un cabra blanquecino de pasta blanda y corteza natural el segundo.

El servicio, atento y profesional, aunque muy rápido para terminar, no tanto para comenzar. Estuvimos esperando 20 minutos con únicamente un cuenquito de AOVE de empletre en la mesa, pasado ese tiempo preguntamos jocosamente si había que beberlo, porque no había ni pan, ni vino, ni… Pero luego todo fue rodado hasta el final, donde mostraron como digo demasiadas prisas por terminar.

Un lugar para quedar bien, para no fallar aunque, de momento, no para brillar.

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