Uno de los grandes de la ciudad

Local moderno y con clase. Mesas grandes y con buena separación entre ellas. Cocina a la vista, pero aislada por cristal. Bodega climatizada en medio de la sala. Mucha sensación de limpieza y pulcritud.
Disponen de dos menús. El "degustación" y el "gastronómico" de 80€ y 100€ respectivamente. Nos inclinamos por el primero de ellos. Se trata de un menú completo, con raciones más que suficientes, destacando los dos platos fuertes, las kokotxas con un ligero pil-pil y las carrilleras de cerdo ibérico. Materia prima de primera calidad. Platos con innumerables colores, texturas y combinaciones de sabor. Excelentes los panes y curiosos los distintos tipos de sales. Muy interesante la carta de vinos.
Buen servicio, y muchas atenciones, en especial la que nos dispensó Hugo.
Recomendable.

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