Esta vez me gustó menos la comida y más el servicio. Menú degustación algo irregular con algún plato excelente como la terrina de foie y pato y otros platos menos buenos, como un cochinillo confitado con calabaza algo insipido y alguna que otra combinación que no me gustó demasiado, pero con unos postres y golosinas soberbias, lo mejor sin duda.
Aunque Raquel no estaba, tanto el maridaje de vinos como el servicio a cargo de Ivan, que oficiaba la sala, fueron perfectos.
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