Decoración modernista y espacio sumamente cuidado, mesas a buena distancia

Decoración modernista y espacio sumamente cuidado, mesas a buena distancia, sillas cómodas y preciosas y mesas anchas para disfrutar de una cocina para soñar.
Cocina de mercado y autor, buena materia prima, buenas combinaciones, buena presentación... espectacular. Por ponerle un pero, me esperaba algún plato más atrevido, con mayores contrastes.
Bodega climatizada bien nutrida, al buen recaudo de Raquel, quien nos maridó un menú degustación de siete platos y dos postres. Empezamos un cava, seguimos con un riesling alemán y acabamos con Tresantos vendimia seleccionada. Con los postres un Ortega Beerenauslese de Anselmann. Maridaje y servicio del vino impecable.
Y es que si Raquel lo borda con los vinos y Josep en la cocina, atención a ese monstruo de sala llamado Iván. Servicio 10 a cargo de este valenciano que tuve el honor de conocer en la Broche.
Un verdadero placer y una comida inolvidable

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