Restaurante Kitsume en Altea

Restaurante Kitsume

Datos de Kitsume
Precio Medio:
45 €
Valoración Media:
6.8 10
SERVICIO DEL VINO:
5.7 10
COMIDA:
7.0 10
ENTORNO:
8.0 10
Calidad-precio:
6.3 10
Fotos:
 
País: España
Provincia: Alicante
Localidad: Altea
Dirección: Hotel Villa Gadea - Nacional 332
Código postal: 03590
Tipo de cocina: Asiática, Japonesa
Vino por copas: Añadir vino por copa
Precio desde 42,00 € (precio más bajo introducido por un usuario)

Teléfono


Opiniones de Kitsume
OPINIONES
3

En el marco incomparable que constituye el complejo hotelero Villa Gadea (establecimiento que cuenta con la categoría de cinco estrellas) encontramos este interesante restaurante de cocina japonesa. Accedemos al mismo a través del impresionante vestíbulo de dimensiones espectaculares y tras subir a la primera planta donde se halla el Kitsume. Aunque el salón que ocupa no tiene vistas directas al mar, el hotel cuenta con una situación privilegiada frente a la hermosa bahía de Altea y dispone de habitaciones y spa de alto standing.

El salón es amplio, con gran capacidad y alterna el estilo dominante en el resto del edificio (realmente podríamos hablar de mezcla de estilos: colonial, rústico, señorial…) con otros elementos más propios del interiorismo de inspiración nipona. Como ejemplo las enormes columnas de color naranja con grandes grafías orientales resaltadas en negro, o las pinturas y cuadros de temática japonesa que decoran las paredes.

André y Lucia son el matrimonio que regenta el restaurante Kitsume. Se establecen en el hotel Villa Gadea tras haber ofrecido su cocina y habernos hecho disfrutar de ella en otros locales de Altea. Descubrimos su propuesta en el restaurante Samurai, junto al puerto de esta misma localidad. Les visitamos después en el restaurante Tanuki, en la playa del Albir, y seguimos haciéndolo ahora en este complejo hotelero que, además, consigue dotar a sus platos de un entorno mucho más distinguido como bien se merecen. Parece que han encontrado el emplazamiento ideal y que pueden consolidar aquí un proyecto duradero por muchos años.

Lucía es quien dirige la sala con profesionalidad y experiencia. Pero el propio André sale también de tanto en tanto para saludar a las diferentes mesas, servir alguno de sus platos o interesarse por las impresiones de los comensales. El cocinero derrocha simpatía y buenos modales y, aunque no acaba de hablar fluidamente el castellano, la conversación con él siempre resulta agradable e instructiva.

La carta del Kitsume es densa y extensa. Resulta muy difícil confeccionar la comanda pues todas y cada una de las propuestas nos resultan atrayentes. Hay entrantes fríos, entrantes calientes, sopas, platos principales, una gran variedad de sushi (makis, sashimi, y un largo listado de rollos uramakis) y postres.

El enunciado de los platos, todos ellos con denominación nipona, se acompaña de una breve exposición de los ingredientes y de una fotografía que resulta muy ilustrativa pero que, a su vez, no ayuda demasiado a elegir pues en todas ellas se percibe dedicación, minuciosidad y buen gusto en su preparación. Todo resulta apetecible.

Mientras la ojeamos nos sirven un aperitivo cortesía de la casa. Se trata de un pequeño bol con una especie de ensalada de calamar frío. Estupendamente condimentada con las salsas y especias típicamente orientales nos transporta a Asia en un abrir y cerrar de ojos. Delicioso pica-pica inicial que amenaza con tornarse adictivo y que devoramos en un santiamén.

Llegan a la mesa las Khaki Se trata de una ostra fresca con salsa ponzu picante (una por cada comensal, lógicamente). El tamaño del molusco es considerable y degustarla nos resulta una lección magistral sobre cómo y con qué debe acompañarse una ostra. Las algas wakame, las huevas, esa salsa ponzu aportan matices interesantes pero sin robar el protagonismo al personaje principal y prevaleciendo sobre todo lo demás el inconfundible sabor marino del molusco. De las mejores que he tomado.

Tori karagee: Pollo crujiente con salsa de miso. Otro plato que enamora desde el primer bocado. Las porciones del pollo tienen el tamaño ideal y vienen envueltas en una tempura preparada con maestría: crujiente, no seca, apetecible, nada aceitosa… La “novia perfecta” del pollo es esa deliciosa salsa que lo acompaña: nos aporta todo el sabor característico de la cocina oriental y, aunque tampoco se hacía necesario, facilita aún más la ingesta de estos sorprendentes nuggets.

Sunkissed roll: La fotografía que aparecía en la carta y el enunciado de sus ingredientes fueron quienes nos empujaron a pedirlo: atún picante, salmón fresco, huevas de salmón y alga wakame. Primer rollo con el cual volvemos a reafirmarnos en la magistral preparación del arroz que consigue Adré: piezas de sushi firme y consistente, que se toma fácilmente con los palillos aun no siendo unos consumados expertos, pero sensación de arroz suelto una vez ya en boca sin el característico “apelmazamiento” de los restaurantes-wok de barrio. El producto que acompaña ese arroz es de una calidad incontestable. Cerrar los ojos y disfrutar.

Sashimi variado: Atún, salmón, pez espada, viera, pez mantequilla, caballa y langostinos. La presentación del plato es menos delicada de los que nos tiene acostumbrados Adré. Los pescados, todos ellos de frescura destacable, se muestran en grandes porciones que nosotros mismos hemos de partir para que todos y cada uno de los comensales podamos disfrutar de todos ellos. El placer de tomar pescado crudo elevado a su máximo exponente: se le ama o se le odia. No hay término medio.

Lotus roll: No se presenta como un rollo al uso. Las piezas de arroz se disponen horizontalmente, como tumbadas, unas junto a otras formando una especie de lecho. Sobre ellas un guiso de pescados y mariscos con la salsa dinamite como ligazón. Plato caliente que se agradece tras la ingesta de tantas preparaciones frías. El pescado y la salsa que lo acompañan nos resultan muy ricos.

Kitsume roll: Disposición de los uramakis similar al plato que le precede pero con la coronación diferente que supone el uso de pescados frescos totalmente crudos. Mucha similitud con el sashimi: atún, caballa, pez mantequilla, tratar de salmón… Dificultades a la hora de ingerirlos de un solo bocado, Hay que “desmontarlos” y se pierde un tanto el encanto.

Jon dragon roll: Rollo con langostino, surimi, espárragos, pepino, aguacate y envuelto en tempura. Siento repetirme en mis valoraciones pero nuevamente se trata de un uramaki delicioso que pone el broche de oro a una excelente cena, al menos en cuanto a preparaciones “saladas” se refiere.

Fondant de chocolate con helado de sésamo: Bien ejecutado el típico bollo de chocolate con el cacao fundido en su interior y potencia destacable en su sabor. Mucho más insípido resulta el helado de sésamo que aporta un toque original pero que no “casa” tan bien con el fondant como otras preparaciones como la vainilla, por ejemplo. Me gustaría mencionar que la carta ofrece una extensa variedad de helados, algunos de ellos con el denominador común de su inusualidad: jengibre, wasabi…

Acompañamos la cena con un albariño que no conocíamos, Lagar de Indra, y otra botella que sí nos resulta conocida: Enrique Mendoza Chardonnay. La carta de vinos es más bien corta y se echan en falta algunas referencias más para tener donde elegir. Además, los vinos que se ofrecen son más bien de la gama básica y en ocasiones a uno le apetece acompañar estos platos de tan alto nivel con unos vinos más distinguidos.

Sin ninguna duda, se trata del mejor restaurante de cocina japonesa que conozco en la comarca de la Marina y sin que la cuenta final sea de las que nos dejan sin aliento. Kitsume aúna unas instalaciones elegantes, un servicio esmerado, una cocina de mucho nivel, donde el sabor y la sutileza se combinan a la perfección, y una excelente relación calidad precio. Es por ello que estamos ante un imprescindible para todos los amantes de la cocina oriental residentes en la zona o que tengan a bien visitar la costa alicantina.

Post ilustrado con fotografías en: http://www.vinowine.es/restaurantes/kitsume-la-maestria-de-un-itamae-en-la-costa-alicantina.html

El hotel un 10 pero el restaurante japones!! Fue un desastre desde el inicio. Llegamos pronto por lo que eramos la única mesa , aún asi y con 8 personas entre camareros y cocineros tuvimos que pedir que nos trajeran las cartas. Finalmente le pedimos la camarero si nos puede recomendar y tomar nota y nos dice que la carta tiene fotos y que el no puede tomar nota. Ningun problema con esto puesto que comprendo que la maitre sea la que toma nota. Finalmente llega LUCIA la maitre y le pedimos que nos recomiende y dice que eso es muy personal, que miremos las fotos!! Finalmente nos dice que hay pescado crudo, noodles... y le explicamos que no nos gusta el picante. Le pedimos los platos y nos los traen con picante!! Le recordamos que porfavor sin picante y le quitan el picante en la misma barra y los vuelve a servir. Los platos no destacaban por calidad ni sabor, la temperatura mas bien fria. Incluso algunos platos no los sirven con la misma presentación que hay en la foto de la carta. Tan mala fue la experiencia que no quisimos ni postre. No es que sea un sitio super horrible pero en ese hotel con tanto encanto y de estrellas ,esperas que el japo dé la talla y además los precios son medio-altos. Menos publicidad en la radio y mejorar servicio y calidad.

Nos enteramos que el “cuerpo principal” del equipo del restaurante Tanuki se había trasladado aquí y, tras habernos cautivado allí, fuimos tras ellos para saber si el nivel se mantiene en este nuevo emplazamiento. El hotel Villa Gadea es un lujoso complejo de cinco estrellas que dispone de más de doscientas habitaciones, spa, piscinas, restaurantes, cafeterías… todo ello decorado con mucho gusto y todo lujo de detalles.

La carta del restaurante es extensa y muy variada. Se necesitarían muchas visitas para conseguir probar todos y cada uno de sus platos pues, habiendo probado ya alguno de ellos y conociendo la sabiduría y el buen hacer del cocinero, puedo asegurar que todos ellos merecen la pena, seguro. Confeccionó la comanda un amigo que ya había estado y, por ello, no anduve atento a los nombres de los platos. En contra de lo habitual (enumerar los platos y explicar brevemente cada uno de ellos), haré una descripción general de la cena y unas conclusiones válidas para todos los platos.

Empezamos con las tradicionales edamame al vapor, una pequeña ensaladita individual muy rica a y un sashimi de vestresca de atún que estaba espectacularmente bueno. Nos aconsejan desde cocina no bañarlo en la salsa de soja. Aceptamos el consejo y disfrutamos más del sabor excelso del túnido. Seguimos con unos uramakis de salmón y aguagate riquísimos. A continuación una tabla de sashimi variado y tres platos/rollos más cuyos nombres no recuerdo.

Como características generales aplicables a todos los platos cabría hablar fundamentalmente de tres cosas: la calidad, la cantidad y la presentación. En primer lugar destacar el excelente punto del arroz de los uramakis y rollos, la extraordinaria frescura del pescado utilizado y la variedad del mismo: ventresca de atún, lomo de atún, salmón, calamar, mez mantequilla, bogavante, pulpo, gamba, anguila… En segundo lugar reseñar la generosidad a la hora de usar el producto (porciones enormes de pescado) y la cantidad de comida en cada uno de los platos. Acabamos realmente llenos. Y, por último, mencionar también las presentaciones curadas y bonitas, excesivamente rococós en algún caso, de Andrea, el cocinero.

La carta de vinos es, hoy por hoy, el punto débil del restaurante. A diferencia de lo comentado el fin de semana pasado en la valoración sobre el Marriott de Dénia que tantos post ha generado, aquí los precios son más razonables, pero la oferta es muy pobre, casi exigua: 4 blancos, 2 o 3 rosados, 4 tintos y un espumoso (Moët). Nos comenta el equipo que están negociando con el hotel ampliar la carta. Francamente les animo a hacerlo pues una cocina de primer nivel como la que ofrecen merece un acompañamiento digno en el aspecto de vinos, especialmente, blancos “del mundo” y espumosos. Tomamos dos botellas de Boca Sauvignon blanc que fueron bien con lo comido.

Además de todo ello tomamos tres cañas de cerveza nipona de barril, dos bolas de helado (lichi y sésamo negro, más rico el segundo) y tres cafés. Insistiendo de nuevo en la magnífica calidad de lo degustado y en la cantidad de comida en los los platos, pagar 49 € me parece una muy buena RCP

  • Rollo dragón

    Rollo dragón

  • Uramakis de salmón y aguacate

    Uramakis de salmón y aguacate

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