Buen sitio para cenar!!

Tocaba a su fin la estancia en Venecia, y ya quedaban pocos a los que ir de los ya visitados. Y dentro de ese plano de visitas y restaurantes que me había confeccionado, estaba claro el plan de esta tarde. Paseo desde la plaza S. Marcos por la Salita S. Moise y la calle Larga XXIII de marzo (con sus tiendas Vuitton, Cartier, Prada, etc), Visita al majestuoso teatro de la Fenice -visita casi obligatoria-, parada en el magnífico puente (de madera) de la Academia -una de las vistas más bonitas del gran canal de Venecia- y, de allí, tras las respectivas fotos, al lugar en cuestión.

También tengo comentada su situación, descripción del lugar y similares. Lo describía en mi anterior comentario como un lugar para juntarte con unos cuantos amigos (o amigas), empezar a pedir cosas sin mayores complicaciones e inflarte a degustar unos cuantos vinos. Sin pretensiones, porque el lugar no es para ello. Pero si buscas un sitio para cenar de ligero y donde no te falte de beber, éste, sin duda, es una magnífica opción.

Por otra parte, el trato es muy agradable y cercano. Servicio rápido -aunque esté lleno- y el personal muy amable. Ambiente un punto rústico, con mesas y sillas de madera recia, ollas, cacerolas, motivos varios colgando del techo. Íntimo por la noche. La verdad, a mí me gusta mucho y a mi mujer le encanto. Y, como siempre, estaba a reventar, indicio éste que quizá sea mucho más indicativo que lo que este humilde reporter -tribulete- puede comentar en las líneas sucesivas.

Como digo, la ristoteca es un sitio sin complicaciones, con una carta no excesivamente extensa, sin preparaciones rimbombantes; buen género presentado de forma sencilla, pero bien hecho, con gusto y sabor. Tiene un menú vegetariano y otro menú del día (sobre los 25/30 euros tres platos). Junto a ello, unos 20 ó 25 platos más, entre entrantes, pescados y carnes. La vajillería y similar son buenos y el sitio, sin presentar incomodidades, está “bien aprovechado” por los dueños, con lo cual la separación entre mesas es un poco justa -sobre todo en la salita más amplia- pero si se va un poco temprano y se elige bien, existen un par de mesas encantadoras entrando a la izquierda y una más grande en el mismo sitio al fondo.

Paso a resumir la comida: ya digo que no había excesiva gana y apetecía, más bien, tapear de sentado -que ya se iba echando en falta (ahora comprendo el porqué los italianos nos envidian en el tema “tapas”)-. De ahí que, a la vista de lo ya sabido en la anterior experiencia, le propuse a mi mujer los dos siguientes platos:

El primero: de nuevo, una magnífica cazuela de cozze (mejillones) y vongole (almejas). Presentada en una especie de cubo, con unos costrones de pan que, esta vez sí, dejé caer al fondo para que se impregnase de una salsa de tomate de las de toda la vida, de las que hacían las madres... qué rica!! Los mejillones bien limpiados y de tamaño medio, muy abundantes. Las almejas también del mismo tamaño (quizá un poco menor), aunque algo menos abundantes. Algo tremendamente sencillo, pero rico a rabiar. Para, de hecho, chuparse los dedos. 16 euros.

Y el segundo, algo que en Venecia hacen bien en casi todos los sitios: la frittura mista. Abundantísima. Perfecta fritura, ligera, nada aceitosa. Muy variada (pescaitos, anchoas, gambas, langostinos, alguna cigalita, calamar, zanahoria, judía verde, pimientos verdes...). 22 euros.

Para acompañarlo, una jarra de chianti reserva del 07 -cuyo nombre no recuerdo- por el que se pagó 17 euros y que estaba presentado a perfecta temperatura, siendo tan aceptable que cayó en su integridad a pesar de tratarse de una cena ligera. El mismo formaba parte del elenco de unos 60/70 vinos, algunos de ellos por copas, que tienen perfectamente ordenados por precios, lo que siempre facilita la elección.

No hubo postres, pero sí debe comentarse el pan, que te presentan en una pequeña canastilla que contiene diversos tipos, siendo los mismos simplemente aceptables. Todo por un total de 60 euros/2 pax

En resumen: una cena ligerita y muy agradable. Lo segundo, en Venecia, suele resultar sencillo si evitas lugares propios de guiris y los estacazos. Lo primero, estando en el país de la pasta, la pizza y el rissoto, es más difícil. El restaurante comentado reúne las dos condiciones indicadas, y, además, dada la variedad de vinos a probar, permite salir del mismo con esa sonrisilla tontorrona que suele plasmarse en la cara de uno cuando, tras el disfrute, uno se da cuenta de que ha bebido más de lo que comió.

  1. #1

    G-M.

    Cuando vaya a Venecia haré esa rutilla...

  2. #2

    Joaquin1965

    en respuesta a G-M.
    Ver mensaje de G-M.

    Ya te diré alguna más, con final en parada y fonda ;-)

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