Restaurante Ocho y Medio: Pedimos un menú de degustación que resultó ser la máxima definición de la


Pedimos un menú de degustación que resultó ser la máxima definición de la cocina creativa entendida como timo. Con un nivel de sofisticación en la línea de los salones de bodas de pueblo.

El servicio estúpido y prepotente, poco profesional y ridículamente envarado. El local no es particularmente bonito, chic burges de pueblo en todo caso. Lo que unido al abominable servicio hace que la comodidad brille por su ausencia.

El trato del vino en la misma línea, oscilando entre la ignorancia y la estulticia.

Quizás la cosa cambie si no vas en vaqueros o no llevas el pelo largo. Pero para nosotros la peor experiencia gastronómica en muchos años.

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