Mejor local imposible. Su ubicación es ideal, en pleno centro de la ciudad. El edificio, reformado, es muy bonito.
La decoración interior es amplia y agradable. Todo lo bueno acaba ahí.
La comida mal. El servicio fatal. Los vinos de pena. el precio muy elevado para lo que ofrecen. No volveré.
Es más un lugar donde cenar un grupo numeroso (hay espacio) después de acudir al teatro o al cine. Sin pretensiones. Lo único bueno es que reservando, la mesa puede ser grande, para muchos comensales.
Una pena.
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