Grandisima materia prima

He de reconocer que tengo predilección por este restaurante, es uno de mis favoritos. En mi opinión, es uno de los mejores restaurantes “de producto” de Madrid, junto con la Tasquita de Enfrente, la Buena Vida y Sacha.
El local es bonito, con un estilo afrancesado, al igual que la comida. Especialmente agradable en verano cuando abren los ventanales. Por poner una pega, las mesas quizá están demasiado juntas. También dispone de una terraza muy agradable junto a un parque y lejos del tráfico, a diferencia de la mayoría de las terrazas de Madrid. Sin embargo, creo que la terraza no tiene nada de especial y prefiero sin duda el restaurante.
Como aperitivos destacar dos cócteles con base de vermut que me encantan: el secretario de estado y la bomba roja. También es muy recomendable el bloody mary, preparado con tomate natural.
Entrando en la comida, son fantásticos los arroces, que eran la base inicial del restaurante cuando abrió y con los que se ganó una merecida fama. Mi preferido el arroz de pato. Sin embargo a día de hoy los arroces, aunque siguen teniendo el mismo nivelazo, ya no ocupan un lugar tan principal, ya que el resto de la oferta es maravillosa. Muy bien la carta, pero merece mucho la pena esperar a las sugerencias del día, ya que Christophe es un loco de la materia prima y es capaz de acudir a los lugares más recónditos del país para conseguir el mejor producto. De las últimas visitas destacaría las colmenillas con salsa de vino del jura, las piparras fritas, las alcachofas con yema de huevo o el civet de liebre. Mención aparte merece el pichón, en mi opinión uno de los mejores de Madrid. En el postre, la paulova es el que tiene más éxito, aunque a mi me apasiona el babá al rón.
Se admite el descorche si se avisa al hacer la reserva (creo que son 12 euros), pero es una pena porque la actual carta de vinos es fantástica, se nota que está elaborada por el maestro Juancho Asenjo. Prácticamente todas las referencias son interesantes, pero destacaría el apartado de champagnes, y en especial el Chartogne-Taillet, uno de mis preferidos, una auténtica delicia.
En resumen, un restaurante al que acudo siempre que puedo y en el que disfruto enormemente. No es barato, tampoco caro, pero en todo caso la calidad se paga, por lo que opino que la relación calidad/precio, o más bien disfrute/precio es muy buena.

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