Blog de Eugenio Saenz

lunes 8 de febrero de 2010

Stellenbosch o el despertar de Sudáfrica

Una de las muchas asignaturas vinícolas que todavía tenemos pendientes desde este blog son los vinos del nuevo mundo. En unas ocasiones es la exigua oferta que existe en España y en otras el hecho de intentar darle prioridad a seguir conociendo más vinos de la vieja Europa, la cuestión es que por nuestra parte probamos y hablamos por tanto poco de los vinos del nuevo mundo. Así pues, una meta que nos hemos puesto es ir participando en catas y eventos relacionados con los vinos de estas latitudes, como la que tuvo lugar hace unos días en la UEC, coordinada por el veterano periodista Bartolomé Sánchez y que versó sobre los vinos de Stellenbosch, la principal zona vinícola de Sudáfrica y capital en su despertar vinícola.

Sudáfrica no es ni física ni políticamente un territorio que podamos calificar como “nuevo mundo”, aunque sí lo es vinícolamente, pese a que la viticultura en aquel país proviene del Siglo XVIII. Actualmente es el séptimo productor mundial de vino y cuenta con algo más de 100.000 has de viñedo. La producción total de vino supone un 3,6% de la total mundial. Se produce algo más de vino blanco (55%) que de tinto, siendo las variedades más utilizadas la Chenin y Sauvignon blanc junto con la Viognier en blancos y la Cabernet Sauvignon, Merlot y Shiraz en
tintos.

Dentro de las zonas vinícolas de Sudáfrica, Stellenbosch es quizá la más importante, en especial por calidad de los vinos. Su variedad de tipos de suelo y su privilegiada ubicación son sus principales bazas. Se encuentra rodeada por cadenas montañosas y está situada a unos 40 km de Ciudad del Cabo. Los mejores suelos se encuentran en pendientes de granito a pies de las montañas de Helderberg y de Simonsberg. La zona sur, que limita con False Bay, llega a acusar una importante influencia marítima. Hacia el oeste el suelo se vuelve más arenisco, con lo cual se favorece la producción de vinos blancos. Los viñedos tienen una altura media de poco más de 140 metros, aunque existen hasta alturas de 600 metros o más, zonas que disfrutan de un clima más templado. Las variedades que más se cultivan son las habituales en Sudáfrica, además de la fina Semillon en blancos y de la autóctona Pinotage en tintos. Esta última variedad es un cruce entre Pinot Noir y Cinsault, introducida por el profesor Perold en 1925 y que no fue cultivada hasta 1941 en la propiedad de Kanonkop.

Adjuntamos además este enlace a un detallado mapa de la zona:

http://www.wosa.co.za/maps/3_stellenbosch.pdf

Tras esta somera introducción, vayamos con el desarrollo de la cata en sí, en la que probamos dos blancos y seis tintos, todos ellos de las bodegas más representativas de la zona y vinos que además pueden encontrarse en España.

Escapades Sauvignon blanc 2008

Escapade winery es un proyecto de reciente creación, cuya primera vendimia tuvo lugar en 2006 para tintos y 2007 para blancos. Disponen de unas 50 has de viñedos, de las cuales la mitad está en producción, además compran uva a otros viticultores de la zona. La gama de tintos se cría en barricas de roble francés, mientras que la de blancos no lleva crianzas en madera.

Este Sauvignon blanc es un vino interesante, afortunadamente no dominado por extrañas reducciones o por esos desgraciadamente típicos tropicales, sino por unos toques vegetales muy agradables. Además es un vino con un cierto cuerpo y una acidez fresca, así pues estamos ante un correcto producto de una variedad de las más internacionales que existen y que por tanto da muchos vinos sin personalidad en todo el mundo. Quizá el mayor problema llega con el precio, ya que hablamos de uno vino que cuesta algo más de 20 euros y claro, pensamos que por ahí podemos obtener más de un excelente Sancerre. Y eso nos hace olvidarnos de éste, pese a su buena calidad.

Nine Yards Chardonnay 2008

Jordan Wines opera desde 1992, aunque los viñedos pertenecen a una histórica propiedad con más de 300 años. Las viñas se replantan a partir de 1983 y actualmente cuentan con una extensión de unas 146 has. La propiedad utiliza técnicas modernas de elaboración y está diseñada para funcionar por gravedad.

Este vino podría ser el arquetípico “chardonnay-del-nuevo-mundo”. Ni más ni menos. Ni menos ni más. Un chardonnay más de cientos de miles que hay en el mundo. Prescindible.

Lyngrove Reserve Shiraz-Pinotage 2008

Lyngrove Wine Estate es una bodega que pertenece al grupo holandés Baarsma BV. Se replantó casi el 60% de su viñedo (unas 80 has) utilizando clones que se adaptan mejor a los suelos del terreno. El viñedo se encuentra en False Bay, donde existe una importante influencia atlántica. La filosofía de la bodega es muy habitual en propiedades del nuevo mundo, realizándose bodas, congresos y dandole mucha importancia al floreciente turismo enológico.

Este vino pertenece a su gama básica, siendo un vino joven de que parte de un curioso coupage de Shiraz y Pinotage. Es un vino fresco y frutal, de buena calidad, que nos ofrece las típicas notas del Pinotage con su curioso toque final de brea, a pesar de ser la variedad minoritaria. En cualquier caso, un producto interesante y ofrecido a un precio bastante correcto para su nivel.

Anwilka 2007

Se trata de un proyecto avalado por tres importantes personajes de la escena vinícola mundial como son Bruno Prats (Cos d’ Estournel), Lowell Joste (Klein Constantia) y Hubert Bouard (Château Angelus). El vino se elabora en Klein Constantia y su primera añada fue 2005. Parte de 40 has plantadas en 1997, con Cabernet, Shiraz y Merlot. Los suelos son pobres y están compuestos por cuarzo. La influencia atlántica de False Bay le otorga un carácter especial al vino.

Nos encontramos ante un vino técnicamente perfecto, pero que no enamora. Un vino de bodega, un vino de autor, uno de esos vinos sin apenas defectos, donde se advierte una magnífica calidad de elaboración y un fantástico trabajo con la madera. Pero es tan perfecto técnicamente que nos aburre. ¿Dónde está el terruño? ¿Dónde está el alma? Un magnífico vino, pero un magnífico vino más de muchos que hay en el mundo. No sé si me entienden, pero así son las cosas. Pero merece la pena probarse.

Saxemburg Private Collection Cabernet Sauvignon 2005

Propiedad histórica en Stellenbosch, ya que data de 1693, está actualmente en manos de una familia suiza. Maneja unas 90 has de viñedo con variedades internacionales además de la Pinotage.

Los Private Collection son una serie de vinos varietales entre los cuales se encuentra este curioso Cabernet, de corte maduro, con cierto predominio de los toques ahumados y especiados, con carácter atlántico y sin verdores, aunque tampoco nos dijo mucho más. Tiene su personalidad, pero tampoco deja huella. No es un Cabernet más, pero tampoco pasará a la historia. Lo que nos resultó curioso son unos toques turbados que aparecían al más puro estilo de los maltas de Islay.

Morgenster 2004

Otra propiedad con mucha historia tras de sí, que viene desde 1711. A pesar de ello, no es hasta la llegada de Giulio Bertrand en 1992, cuando adquiere una cierta relevancia como bodega. Maneja unas 30 has plantadas en 1994, entre las cuales destacan las variedades bordelesas además de las italianas Nebbiolo y Sangiovese. Los viñedos se encuentran en la zona de Helderberg y disfrutan del buen clima mediterráneo y marino de False Bay. En la actualidad Pierre Lurton supervisa las elaboraciones.

Y el vino nos pareció realmente interesante, de corte muy bordelés no sólo por su coupage, sino por su elegancia y distinción. Vino de corte clásico, envolvente, largo y evocador, se muestra ahora mismo redondo y equilibrado. Quizá y junto con el Kanonkop, el mejor vino de la cata, a pesar de contar con el problema de un precio algo elevado. Pero se trata de un muy buen vino, eso está fuera de toda duda.

Kanonkop Pinotage 2003

Hablamos de una de las puntas de lanza del vino sudafricano, que comenzó sus elaboraciones en 1973. Considerada como el premier cru de la zona, está situada en las llanuras bajas de la montaña de Simonsberg. Explotan unas 100 has de viñedos situados en suelos graníticos que reciben las suaves brisas veraniegas de False Bay. Su principal variedad es el Pinotage, del cual poseen viñas de 50 años, además del Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Franc.

Este Pinotage 2003 es un magnífico vino. Muy original, de corte madurito y clásico, profundo, de paso redondo y estructurado, con gran capacidad de envejecer y con ese curioso final de brea que adquieren los vinos de este varietal, resulta un producto marcado con esa tipicidad que muchas veces echamos de menos en los vinos del nuevo mundo en general. Este, desde luego, tiene alma y tiene calidad y nos ha parecido un vino por tanto absolutamente recomendable. Y además, no excesivamente caro.

De Trafford Straw Wine 2003

Propiedad familiar, posee unas 16 has plantadas en su mayoría en 1994 y situadas entre Stellenbosch y las montañas de Helderberg.

El Straw Wine es un “Vin de Paille” de la variedad Chenin blanc y se elabora por desecación a la sombra de las uvas. Sin embargo la sensación que nos ofrece es que ha habido botrytis o podredumbre noble en éstas, antes de su desecación, ya que las notas que brinda son inconfundibles. Pese a la falta de acidez que tiene, hay que reconocer que se trata de un buen vino, con estructura y elegancia, denso y envolvente y con un agradable final de frutas maduras. Un interesante Chenin dulce, pero que se so ofrece a un precio que es como para pensárselo y más teniendo en cuenta las maravillas que tenemos con esta uva procedentes de Coteaux de Layon o Quarts du Chaume. Así pues, un vino interesante de probar, pero que no admite comparación con los chenins del Loira.



Como resumen final, comentar que nos han parecido vinos de buena calidad, pero en su mayoría faltos de personalidad, de algo que los identifique, cuestión que por otra parte ya esperábamos. Nos quedamos sin duda con el Kanonkop porque es el único que nos ha dicho algo diferente, algo distinto que le identifica sobre el resto. Pero pensamos que esta zona posee potencial para producir buenos vinos y por tanto todo será cuestión de tiempo y trabajo. Seguiremos probando y por supuesto, opinando.

Un saludo,
Eugenio Sáenz de Miera Arnau
(EuSaenz)

(*) La fotografía de los viñedos de Stellenbosch ha sido extraída de http://www.dghugo.com/

viernes 29 de enero de 2010

Nueve años de Beryna

Tras un paréntesis navideño y un inicio de año en el que hemos bebido menos vino que nunca, llegado el fin del mes de enero es momento de rescatar nuestra actividad vinícola que hemos comenzado con una cata inédita y que ha resultado todo un desafío y un placer para nuestro continuo aprendizaje sobre vinos.

Si ha habido un tinto nacional que en los últimos años ha alcanzado un consenso entre un importante número de consumidores por su buena calidad ofrecida a un precio muy ajustado, ese ha sido sin duda el Beryna. Si observamos el ranking de vinos catados y guardados por los usuarios de Verema, Beryna siempre aparece a través de sus sucesivas añadas entre los más citados en ambos aspectos. Y cuando se abre un hilo sobre los mejores vinos tintos nacionales de menos de 10 euros, este nombre vuelve a surgir como uno de entre los más mentados.

Así pues, nada mejor que realizar una cata vertical, un recorrido a través de las 9 añadas que de momento forman la historia de este vino, para poder hacernos una idea de si, en efecto, todo el apoyo y el beneplácito recibido por los consumidores hacia este vino nos parece algo que se ajusta a la realidad o nos puede en cambio resultar algo exagerado. Dicha cata tuvo lugar hace unos días, en casa de un buen amigo y forero, y acompañados por otros dos amigos habituales en las páginas de Verema. Se cataron todas las añadas de este vino, que van desde 2000 hasta la todavía no comercializada 2008, en orden ascendente y en tandas de tres vinos.

Pero antes de entrar en vereda, repasemos un poco la historia y la filosofía de las Bodegas Bernabé y Navarro, que al fin y al cabo son los padres de la criatura. La bodega está situada en la Finca Balaguer, cerca de Villena, un pueblo del interior de la provincia de Alicante, una zona vinícola de gran interés ya que mezcla un poco los toques más continentales de La Mancha albaceteña, con los aires del cercano mediterráneo. La filosofía de su trabajo no es otra que la de buscar una tipicidad de esta zona a través de su variedad emblemática, la Monastrell, elaborando vinos lo más equilibrados posible y que además ofrezcan una cierta capacidad de envejecimiento, siempre en producciones relativamente pequeñas. Utilizan técnicas de elaboración modernas, pero invariablemente tratando de respetar al máximo las características de cada de una de las parcelas y terruños que explotan. Y además tienen claro que no solo de Monastrell vive el hombre y cultivan otras viníferas como la Cabernet, Syrah o Merlot, que además forman porte del propio Beryna, e incluso otras como la Garnacha Tintorera o la Graciano. Practican una agricultura lo menos intervencionista posible con unos rendimientos bajos y realizando una doble selección de la uva. Los resultados son, año tras año, unos vinos que como bien hemos comentado al principio, reciben las loas de aficionados y crítica especializada, como vinos que expresan perfectamente las características de su zona.

Pongámonos por tanto a plasmar con palabras las sensaciones que nos dieron los vinos objeto de la cata:

Beryna 2000

Presentado en una discreta y todavía rudimentaria etiqueta (los motivos palmerales no buscaban ocultar su origen), el primer Beryna es el que ahora mismo resulta el menos Beryna de todos por su capa más baja y sus notas algo más maduras y ahumadas en nariz, sin embargo en boca nos sorprende por su más que correcta acidez y por su todavía destacable viveza. Lo mejor que se puede decir de este vino es que siendo el primero que comercializaron, casi 10 años después esta ahí, algo cansado y ya iniciando el declive, pero ahí está. Se puede beber y disfrutar sin problemas, porque tiene más virtudes que defectos. Un buen trabajo.

Per Fummun 2001

Per Fummum es como un "Alter Ego" del Beryna, destinado a la exportación y que se elaboró en 2000 y 2001. Aquí la Monastrell era la protagonista de forma casi absoluta. La etiqueta es más colorista y algo más acorde con la imagen actual. Y el vino supone un paso adelante con respecto a su antecesor, aquí ya percibimos esas notas tan propias de la Monastrell mediterránea, pero con una boca bastante fresca y armónica ofreciendo un conjunto bastante equilibrado. Puede considerarse que el vino ha alcanzando ya su cénit de consumo y se encuentra en un momento ideal, algo que dice mucho y bien de un vino cuyo precio oscilaba por los 5 euros más o menos.

Beryna 2002

A todos nos pareció la sorpresa de la cata, porque este Beryna nos hizo considerar que estaba en un momento pletórico, con las notas maduras, licorosas, ahumadas y balsámicas esperadas en nariz y una boca viva, con acidez y frescura y la vez con peso y prestancia, resultando muy placentero en el final por su tanino vivo, pero ya perfectamente integrado. Con 7 años por tanto, podemos considerar que este vino alcanza su plenitud y es sin duda cuando se encuentra en su fase ideal de consumo. Ahora mismo no disponemos de datos sobre esta añada en la zona en cuestión, pero todos sabemos que fue una añada complicada en casi toda España, lo cual fomentó una sorpresa mayor. Lo dicho, quien disponga de un Beryna 2002 lo suyo es que lo abra ahora pues ahora es su momento. Buen vino y agradable sorpresa.

Beryna 2003

Esta añada, que como bien sabemos todos batió records de temperaturas medias veraniegas, está resultando muy dispar según las zonas y vinos catados. No somos muy amigos de estas añadas tan maduras, pero cierto es que algunos vinos, sobre todo norteños, nos están sorprendiendo últimamente de forma muy grata.

Pero a Beryna, o desde luego a la botella de Beryna que estábamos catando, le sentó muy mal ese calor. Tremendamente maduro y licoroso en boca, con efluvios casi pasificados y una acidez menor en boca, sumada a un tanino más agresivo y menos integrado, hacen de esta añada la que menos nos gustó de todas, no resultando un vino del todo agradable. Hablando con Rafa Bernabé, nos comentó que ha habido alguna botella muy satisfactoria de este vino, lo cual puede ser signo de que ha habido diferentes evoluciones en botellas. Aún así, la evolución de la nuestra no nos convenció del todo. Calor, mucho calor.

Beryna 2004

Primera añada con la etiqueta actual, que representa a un antiguo barco, ¿quizá egipcio?, o al menos esa es la impresión que nos da. Las dos anteriores portaban una etiqueta blanca mucho más sencilla de concepción y diseño.

El vino está cerrado a cal y canto. Esa es la sensación que nos ofrece en un inicio, tanto que decidimos continuar con la cata, volviendo al final a esta añada. Y con más aire ya nos va brindando esas notas esperadas añadiendo un fino aire de mineralidad al conjunto, algo que le sumaba un cierto atractivo. Algo monolítico en el paso por boca, pero mostrándose sabroso y redondo, aunque nos pareció algo más corto en el final, como si resultase más secante. Nos dio la sensación de que todavía no está listo del todo, pero tampoco es algo que pudiéramos afirmar de forma contundente, no sé, parece como si se quedara en tierra de nadie. Curiosa sin duda la evolución de este vino y más curioso saber hacia dónde irá.

Beryna 2005

El claro vencedor de la cata, en clara lucha con 2006, aunque finalmente nos decidimos por los encantos de este 2005. Porque posee muchos encantos, es pura esencia mediterránea en nariz, frutas maduras, herbáceos y balsámicos, finos especiados y café en grano. Y su paso por boca ofrece un enorme equilibrio, porque encontramos frescura, pero igualmente encontramos peso y concentración, con un placentero final tánico mostrado siempre con nobleza. Da la sensación de estar pletórico ahora mismo, pero con perspectivas de una evolución positiva durante unos años más.

Un vino que sin duda nos muestra lo que un Beryna pretende ser, un vino mediterráneo sin renunciar a la frescura, con un margen de evolución y una longevidad suficientes y ofrecido a un precio más que correcto. Y en nuestra opinión, y más con ejemplos como este 2005, es un objetivo totalmente alcanzado.

Beryna 2006

Todo aquello comentado sobre 2005 podría repetirse con el 2006, ya que este nos convenció casi tanto como aquel, incluso un compañero lo situó como su favorito. Nos pareció quizá con un punto menos de intensidad, especialmente en boca, pero que aportaba unas dosis de mineralidad muy atractivas. Lo cierto es que nos gustaría poder volverlos a catar en un par de años para saber hacia donde van, pero nos parecieron las dos añadas más destacables, al menos en estos momentos.

Beryna 2007

Este Beryna nos ha transmitido sensaciones de buena longevidad, se encuentra un tanto cerrado, pero se le advierte una calidad enorme de materia prima, mucha limpieza y unos registros minerales y ahumados más acusados que en otras añadas y que se hacen patentes en boca, con mucho peso y redondez y un final elegantemente tánico. Promete mucho sin duda, aunque pensamos que ahora no debe abrirse, ya que tiene toda la pinta de evolucionar con lentitud, quizá sea un vino a repasar en tres o cuatro años, un poco al estilo de ese, ahora sorprendente, 2002. Requiere aire y paciencia en la copa, pues tiene muchas cosas encerradas que deben ir saliendo con el tiempo. Añada a seguir y a repasar.

Beryna 2008

Como primicia catamos la nueva añada de este vino que todavía no ha salido al mercado. La presencia de Monstrell es algo mayor y se he eliminado la Merlot. El vino, ya embotellado y con etiqueta provisional, se muestra tremendamente primario, con toneladas de frutas negras y rojas y con los toques de los hollejos todavía en sazón. Es pura uva, aún no ha conseguido desarrollar mucho más, pero desde luego ello nos permite divisar la buena calidad de la materia prima con la que trabaja la bodega. Uno más sin duda a la saga de buenos Berynas, que continuará con el hábito de la calidad de las últimas añadas. Démosle su tiempo y bebamos ahora 2002, 2005 ó 2006, que pasan por sus mejores momentos.


Si tuviéramos que ordenar las añadas de la que más nos gustó a la que menos, el orden sería 2005-2006-2002-2007-2008-2004-2001-2000-2003, pero el vino es algo en constante evolución y tras un tiempo las cosas pueden cambiar perfectamente. Pero lo principal está ahí y es que consideramos que en efecto, Beryna es un vino tremendamente razonable, que expresa con precisión las características de la zona que le ve nacer, que ofrece tipicidad mediterránea sin perder frescura, que permite una guarda y evolución positiva de entre 5 y 8 años sin problemas y que quizá alcanza su mejor momento de consumo a los 4 de la cosecha. Un vino que en los precios que se mueve, ahora mismo sobre los 8 euros en tienda, nos parece más que recomendable y –volvemos a repetir la palabra – razonable.

Antes de finalizar esta crónica, no podemos dejar de mostrar nuestro agradecimiento a Rafael Bernabé por haber puesto su confianza en nosotros para poder realizar esta cata, una cata sin duda muy especial y que resultó tremendamente instructiva, como lo son todas las catas verticales. Y por supuesto a mis compañeros de faena, ya que estas catas hay que realizarlas en grupo y compartiendo impresiones, impresiones que por una vez –y sin que sirva de precedente- fueron absolutamente unánimes: Bernabé y Navarro están haciendo un buen trabajo y podemos decir que lo mejor está todavía por llegar. A seguir así.

Un saludo,
Eugenio Sáenz de Miera Arnau
(EuSaenz)

viernes 8 de enero de 2010

Momentos a recordar de un año para olvidar

Que 2009 ha sido un año para olvidar no es desde luego, en nuestro caso, una frase hecha. Problemas de muy diversa índole han convertido este último año en uno de esos que no nos gustaría volver a repetir, pero bueno, como esto no deja de ser un blog de vinos y no el muro de las lamentaciones, hablemos de esos buenos momentos que ha tenido, porque afortunadamente los ha habido.

Momentos de buenos vinos, de buena gente con quien compartirlos, explicados y loados por sus elaboradores o por otras personas que los conocen y admiran tan bien como ellos. Y como homenaje y recuerdo a esos buenos momentos y a esas personas con quienes los he compartido, aquí tienen, por tanto, los vinos más destacables del año 2009:

ESPUMOSOS

A pesar de que se trata del tipo de vino que más veces bebemos a lo largo del año, no ha sido una temporada de grandes descubrimientos en champagne, por lo que hemos constatado muchas confirmaciones, solemos ir a lo seguro. Lo mejor, sin duda, la impresionante cata de Selosse de la que damos cuenta en la anterior entrada, con la Cuvée Contraste como vino más destacable, un vino que repetimos la pasada nochevieja y que es uno de los mejores y más originales champagnes con los que nos hemos topado. De igual forma, destacamos dos excelentes vinos de Billecart-Salmon, un Elisabeth Rosé 1998 degustado en casa hace un añito y su hermano del 2000, de diferente carácter e igual clase, catado, el igual que el impresionante Grande Cuvée 1996 en el evento Vitis Vinifera de Barcelona y de la mano de Antoine Billecart. Igualmente ha caído alguna botella de los grandes clásicos (Krug Grande Cuvée, Bollinger RD 96, Bollinger Grande Anée 99), pero a estos el valor se les supone. No fallan nunca.

BLANCOS

Alemania y la riesling han sido sin duda las estrellas del año. La presentación de la añada 2007 el pasado febrero en Gerona, amén de dos enormes catas verticales de dos míticos pagos (Herrmanshöhle de Dönnhoff y Kirchenstück de Bürklin-Wolf) han sido sin duda momentos estrellas de este año vinícola. Y si elegimos un vino de ambas, nos quedaríamos con Dönnhoff Hermannhöhle Spätlese Trocken 1998 y con Bürklin-Wolf Kirchenstück GG 2002. Dos de los mejores riesling secos catados hasta el momento y que formarían un trío casi insuperable con Clos de Saint Hune de Trimbach.

Otro de esos vinos blancos que nos han dejado huella este año ha sido un Marqués de Murrieta blanco de 1982, además de un Tondonia Blanco Gran Reserva de 1973. Son esos enormes vinos que se elaboraban antaño en Rioja, partiendo de la variedad Viura y a base de largas crianzas en maderas viejas. Hoy, unos buenos años después, son vinos que te hacen replantearte muchas cosas y que proporcionan momentos de disfrute máximo. Vinos sin duda para engrandecer nuestra historia.

También nos acordamos de algún Borgoña blanco de gran nivel como el Corton Charlemagne 2002 Bonneau du Martray o 2006 De Montille, el Puligny-Montrachet 1er Cru Les Referts 2005 de Arnaud Ente o el finísimo Pulingy Montrachet 1er Cru Le Cailleret 2006 De Montille, pero ninguno ha alcanzado el excelso nivel de los anteriormente citados. Además cierto es que cada vez compramos y bebemos menos Borgoñas blancos, pero no porque no nos gusten, sino porque sucumben ante alemanes, alsacianos o los vinos del Loira en un aspecto tan importante como la relación calidad-precio. El Borgoña bueno hay que pagarlo y hay que pagarlo cada vez más. Y no siempre lo que recibes se corresponde con lo que pagas.

TINTOS

Y si en blancos, Alemania y su diva han llevado la voz cantante, hemos de reconocer que en tintos, nos hemos convertido definitivamente al Piamonte y a la Nebbiolo, a Barolo y Barbaresco. Borgoña es grande, esto nadie lo duda, pero las decepciones que nos da son muchas. Es una zona peligrosa para comprar y en la que muchas veces, llegar a un gran vino te cuesta unos cuantos resbalones. En cambio, Barolo y Barbaresco ofrecen una regularidad muy superior, aquí la calidad media está siempre más asegurada. También puede ayudar algo que este año hemos tenido la ocasión de probar varios de los vinos de los mejores productores, de los reyes Giacosa y Voerzio, algo así como si pudiéramos probar Leroy y DRC en Borgoña. Pero aún así, seguimos pensando en que los vinos del Piamonte nos parecen los más fiables y regulares. En estos momentos, nuestros tintos preferidos.

Así pues y dentro de dos catas memorables dirigidas por el maestro Asenjo, destacamos los Barolos Cerequio y Sarmassa 2001 de Voerzio, además del Barbaresco Asili Riserva 2000 y el Barolo Rocche del Falletto Riserva 2001 de Giacosa. Cuatro vinos que posan ya en el baúl de los recuerdos.

En vinos tintos nacionales, tres referencias para la memoria. La primera, un Vega Sicilia Único de 1970, un vino que nos muestra toda la esencia de los Vegas clásicos, vinos inmortales por su concepción y por su eterna calidad. La segunda, un Viña Real Reserva Especial de 1964, de la mítica añada riojana, uno de esos vinos por los que el tiempo no pasa. Las más grandes añadas de este vino (54, 62, 64, 81 y alguna más) están entre los mejores vinos tintos españoles de todos los tiempos. Y sin dejar la Rioja más clásica, otro nombre mítico es Castillo de YGAY. Ese Gran Reserva Especial de 1925 es otro de los grandes vinos del año, un vino increíblemente joven y vivo, con un paso por boca espectacular.

Pero también en la Rioja actual hay vinos de clase y calidad mundial y uno de ellos es El Pisón. No olvidamos esa maravillosa tarde que pasamos con Juan Carlos Lópes de Lacalle en la que probamos Pisón 95, 98 y 2004, vinos que sin duda merecen estar en el podio de los elegidos. Elegancia, terroir y distinción a raudales. Muy grandes. Y ese 2007 va por el mismo camino. ¿El mejor vino tinto español de la actualidad? En nuestra opinion, sí.

DULCES


Cuatro vinos dulces vamos a reseñar en este listado de los mejores. El primero, un impresionante Bürklin-Wolf Pechstein TBA 2007, un vino imposible que sin duda fue el más destacable de la presentación de la magnífica añada 2007 en Alemania. Un nuevo registro entre los TBA de Pflaz, de mucho más carácter Pechstein que TBA, para entendernos. Nos recordó al enorme Juffer Sonnenuhr TBA 2006 de Haag del año anterior. El segundo fue el quizá sea el mejor vino del año, un trascendental Huet Le Haut Lieu Moelleaux 1945. Un vino monstruoso, lleno de sensaciones de terruño, lleno de delicadeza y de elegancia. Por el pasarán otros 65 años más sin problemas. Un mito.

El tercero y catado el mismo día que el Huet fue un Egon Müller Scharhofberger Spätlese 1999 de subasta, un vino que posee la perfecta delineación y arquitectura que solamente el maestro es capaz de otorgar. Y el último de la lista, el más reciente, es un Bürklin-Wolf Kirchenstück Auslese 1971, un auslese deliciosamente maduro y equilibrado, un vino lleno de encanto y originalidad que sin duda ha llegado a su mayoría de edad con todas las de la ley. Enorme vino este Auslese y en especial la botella que nos tocó.

GENEROSOS

Aquí y en este apartado dominan los vinos tradicionales andaluces, lo primero por gustos personales y lo segundo porque son los únicos en su especie que podemos permitirnos por el momento. Los Oportos viejos (vintages/colheitas con más de 40 años y Tawnys de 30/40 años) y los madeiras igualmente viejos (vintages o fresqueiras de más de 40/50 años) son inalcanzables por precio y estoy seguro de que no mejores que nuestros más grandes VOS o VORS.

Lo más destacable del año son las novedades del Equipo Navazos, en especial el Palo Cortado Bota Punta Nº 17, un palo cortado de meditación trascendental y el profundísimo Cream Viejo "Bota NO" Nº 19, que nos da varias vueltas de tuerca al concepto existente del Cream. Uno de los más grandes vinos mundiales sin discusión. Y volver a probar esa increíble Manzanilla Pasada Nº 10, un vino para la historia. Y el Fino Antique, el Amontillado Quo Vadis, la Reliquia de Barbadillo, el Oloroso BC 200, etc, etc….

ALGUNAS SORPRESAS

En espumosos, es justo destacar a un Cava, concretamente el Sabaté i Coca Reserva Familiar 2005, un Cava que nos deja una impronta de sensaciones de terroir que hasta ahora no habíamos conseguido obtener en vinos de este tipo. Es un paso adelante en el mundo del Cava, un mundo que cada vez nos sorprende y nos seduce más. Un excelente trabajo. En champagne, digno de mención es el trabajo de Diebolt-Vallois, Tarlant y Benoit Lahaye, tres pequeños productores que no habíamos probado y que nos han causado una grata impresión este año.

En cuanto a blancos nos gustaría resaltar un vino excepcional, que, embotellado en una pequeña cantidad de mágnums, lleva el espíritu de la mejor viña gallega en su impronta. Hablamos de Pedrouzos 2006, un vino que puede marcar un antes y un después en nuestros blancos modernos. Pruébenlo y me dirán. Esperando estamos al 2007. Y sin olvidarnos desde luego de los vinos del Loira, tanto en su vertiente central (Anjou, Turena) como en la superior (Sancerre, Pouilly-Fumé), donde sin duda donde encontramos algunos de los vinos blancos con la mejor RCP del mundo. El Domaine du Collier La Charpentrie 2005 es un claro ejemplo de ello. Un vinazo a precio muy razonable.

Y en tintos, no vamos a olvidarnos de dos proyectos prioratinos prometedores, ya realidades, y que son Ferrer-Bobet y Terroir al limit. Un paso adelente en los registros habituales de la zona. Pureza y definición. E igualmente mencionar los excelentes Barbarescos de Ca del Baio, vinos con una RCP difícil de superar. Y, por supuesto, los cada vez más interesantes tintos gallegos, bien elaborados con mencía o con uvas autóctonas de sus zonas, aportando frescura y buena acidez.

Y por último, en cuanto a dulces y generosos, no dejamos de sorprendernos con la gama Antique de Fernando de Castilla, aunque hayamos disfrutado sus vinos en múltiples ocasiones, además del soberbio nivel de los vinos viejos de Tradición, todos estos ofrecidos a precios que da pena (o mejor dicho gloria) decirlos. Y el Fino La Panesa. Y la manzanilla en Rama de Barbadillo. Y las entergas de Navazos. Y sin salir de Andalucía, ojo a los mocateles de Bentomiz. Estamos en año Vinoble. Marcados con una X tenemos esos días de mayo...

En fin, que un año más pasó. Y con él unos cuantos buenos vinos, que nos han hecho recordar grandes momentos. Vamos a por ese 2010.

Un saludo,
Eugenio Sáenz de Miera Arnau

martes 29 de diciembre de 2009

Anselme Selosse, un transgresor del champagne

Tal y como habíamos prometido, vamos con la segunda entrega sobre champagne para dar por finalizadas las entradas de este 2009 en el blog. Y si en la anterior hablábamos de esos “Recoltant-Manipulants” que tanto admiramos y como ejemplo poníamos a Pierre Gimonnet & Fils, ahora vamos a hablar del que probablemente es el rey de este tipo de productores, algo así como el más grande entre los más pequeños, Jacques Selosse.

Jacques crea la bodega a finales de la segunda guerra mundial y actualmente está dirigida por su hijo Anselme. Hombre de carácter difícil, Anselme es sin duda uno de los personajes más transgresores que podemos encontrarnos en la zona y personaje clave en el actual panorama del champagne. Estudió enología en Beune, algo que sin duda forjó su ideal borgoñón del vino que ha ido aplicando a sus formidables espumosos. Posee actualmente sobre las 7 has de viñedo que ocupan 47 parcelas situadas en varios de los más prestigiosos Grand Cru de la Côte des Blancs, Avize de forma principal, aunque igualmente explota parcelas en Cramant, Le Mesnil y Oger. Fuera de la zona donde reina la chardonnay, Anselme cultiva Pinot Noir en otras de igual prestigio y categoría (Grand Cru) como Aÿ, Ambonnay o Mareuil-sur-Aÿ.

La densidad de plantación media es de unas 7500 cepas por hectárea y el trabajo en viña es de carácter biológico con una poda muy corta, con la que busca rendimientos más bajos de lo habitual en champagne. Anselme suele vendimiar algo más maduro y sus uvas tienen un grado potencial de alcohol más elevado que en el resto en la zona. Para elegir el momento ideal de vendimia suele apoyarse en parámetros como el color de las pepitas y los perfumes de la piel de la uva. Vinifica siempre en barricas de 228 litros, utilizando un 10% de madera nueva. No existe control de temperatura y por tanto la fermentación puede llegar a alargarse hasta el mes de julio. Los vinos no realizan maloláctica, algo no necesario debido a la elevada acidez natural que poseen. La crianza se realiza en sus propias lías con batonages regulares, en una frecuencia de uno a la semana en invierno y uno al mes en verano. Los vinos permanecen durante un año en la barrica, pasando posteriormente a fudres. Cada vino posee además sus propias particularidades en la elaboración, pero estas suelen ser las principales premisas de la forma de elaborar de Anselme.

Y si hoy hablamos de este prestigioso elaborador es porque hace unos días tuvimos el privilegio de poder catar juntos los 7 vinos que componen toda su gama, una gama cada vez más solicitada y difícil de conseguir, a la par que desgraciadamente de cada vez más cara. Sus 50.000 botellas se han convertido en objeto de deseo por los amantes de las burbujas a lo largo y ancho del mundo. La cata tuvo lugar en latintorería, la nueva tienda de Alma Vinos Únicos en Madrid, uno de esos pocos lugares donde podemos adquirir los personalísimos vinos de Anselme en España. Así pues y bajo los siempre documentados comentarios de Nacho, César y Flequi, nos dispusimos a catar los siete vinos de este productor en un evento que sin duda posee el marchamo de único y que ahora vamos a repasar con calma.

Vaya por delante la dificultad de evaluar los vinos de Selosse, no ya por sus características tan especiales sino por las diferencias que existen entre los sucesivos degüelles. Cada degüelle tiene su propia idiosincrasia y así podemos encontrarnos versiones más frescas y otras más oxidativas dentro del mismo vino, además las añadas empleadas son diferentes y eso evidentemente fija su propio sello. Los vinos catados correspondían a degüelles recientes, casi todos de este año, por lo que se encontraban un tanto primarios, necesitados sin duda de más estancia en botella, aún así pudimos hacernos la idea de por dónde van las tendencias actuales en las elaboraciones de Anselme.

Brut Initial

El vino de acceso a la gama de Selosse ha cambiado de denominación en varias ocasiones, llamándose actualmente con el nombre más habitual de Initial. Es el resultado de le mezcla de vinos de tres añadas, compuesta por la mitad de un año, un 30-35% del anterior y un 15-20% de dos años anteriores. La crianza en rimas dura un mínimo de tres años.

Habré probado este champagne en media docena de ocasiones y lo cierto es que su nivel es siempre muy destacable. Es la puerta de entrada el universo Selosse y nos muestra a las claras cuál es el estilo de este productor. Esta botella se encuentra en fase embrionaria, con todo su desarrollo pendiente, pero ya nos muestra la profundidad aromática y la portentosa estructura de estos vinos tan especiales. A pesar de que ha ido subiendo de precio poco a poco es sin duda el más razonable de sus vinos, un champagne de muy alta calidad que nunca decepcionará.

Version Originale

La cuvée VO es un Initial sin dosage y con un tiempo mayor de crianza en rimas, un mínimo de 48 meses. Es un vino más limpio, delineado y directo que Initial, si cabe más complicado de beber y comprender. Un vino muy de nuestro gusto por su estilo austero y por su acidez muy marcada, pero que carece del equilibrio del anterior, ya que la ausencia de dosage hace que todas las características del vino base afloren, tanto las buenas como las menos buenas. Un champagne para verdaderos amantes de las sensaciones fuertes, de los vinos sin concesión, de los vinos que muestran terroir y elaboraciones naturales. Francamente bueno.

Exquise

Esta cuvée es el resultado de mezclar dos añadas relativamente jóvenes, añadiendo una cantidad superior de licor de expedición, alrededor de 20 g/l. Se trata por tanto de un champagne semiseco que puede tener su lugar a finales de una comida o en celebraciones, pero siempre con el sello de calidad Selosse.

Y cierto es que esta botella nos sorprendió pues se mostró muy equilibrada, sin apenas esos recuerdos dulzones finales que siempre restan seriedad. Su destacable acidez es clave para poder aguantar ese grado mayor de dosage que sin duda se nota algo en el final, pero que no termina por resultar pesado. Fue indudablemente el vino que menos nos gustó de los siete, pero siempre dentro de un nivel muy elevado. Este champagne tiene indudablemente su público y es el más sencillo de comprender de todos los que elabora Anselme. Sorprendente.

Rosé

El Rosé es el más exclusivo de los vinos de Anselme, no quizá por su precio, pero sí por su escasez y sobre todo por su originalidad. Ensamblaje de Chardonnay y Pinot Noir vinificada en tinto, se trata de un vino tremendamente original y diferente, de un estilo único.

Sin apenas burbuja perceptible y con una nariz de borgoña tinto viejo, con sus inequívocas notas oxidativas, es tremendamente vínico y directo en boca, sin olvidarnos en ningún momento de que es un champagne. La frescura está ahí, al igual que la cremosidad en boca. Uno de los vinos más originales que hemos probado este año, un champagne rosé distinto a todos los estilos y ante todo, un vino de una calidad enorme. Grande de verdad.

Contraste

El Blanc de Noirs de uno de los reyes del Blanc de blancs. Se trata por tanto de un vino varietal de Pinot Noir procedente de sus parcelas de los Grand Cru de Aÿ y Ambonnay. El degüelle probado, de finales de 2008, consta de la mezcla de las añadas 2002 y 2003, conjuntando la acidez y el equilibrio de la primera con la amplitud y madurez de la segunda. La crianza en rimas es de unos 48 meses. La idea de Anselme es elaborar dos Contraste a partir de la añada 2004, uno de viñedos de Aÿ y otro de Ambonnay.

Fue sin duda el vino que más nos gustó de la cata y uno de los mejores champagnes que hemos probado hasta el momento, la quintaesencia del blanc de noirs. Imagínense la mezcla entre un definido y mineral vino blanco de Puligny-Montrachet y un fragante y elegante tinto de Chabolle-Musigny. Pónganle además unas finas e integradas burbujas. Pues bien, eso es Contraste, todo eso y mucho más. Un vino brutalmente original, con una compleja nariz mezcla perfecta entre notas frescas, minerales y oxidativas y con una boca directa, austera y vertebrada por una soberbia acidez, de esas que hace salivar. Uno de esos vinos que sin duda se recuerdan y que hacen de Selosse un auténtico mago. Si se encuentran con una de las escasas 2500 botellas elaboradas, no la dejen escapar. Éxito asegurado.

Millesimé 1999

Este es el único champagne de añada que elabora Anselme, aunque hay veces que Contraste procede igualmente de vinos de un solo año. Se elabora con viñedos de Avize, de dos viñas llamadas Le Mont sur Cramant y Les Chantereines, que suman entre ambas poco menos de media hectárea y con más de 50 años de edad. Fermenta en barricas nuevas y de un año y se cría en fudres durante 8 meses antes de pasar casi 10 años en rimas. Se trata por tanto de un vino muy escaso y que pasa más tiempo en bodega antes de salir al mercado.

Ahora mismo es quizá el vino más joven y cerrado del lote, un vino que indudablemente necesita de un tiempo mayor en botella para ensamblarse, aún así el estilo Selosse se encuentra perfectamente definido en este vino. Complejísimo en nariz con esas notas oxidativas tan típicas de la casa y primario en boca, destacando en estos momentos una acidez que limpia la boca y arrasa con todo lo que se cruza en su camino. Largo y persistente, es un vino de esos que se recuerdan, un champagne de primera categoría. En cinco años será realmente grande.

Substance

Se trata de la cuvée más conocida y exclusiva por precio del elaborador. El vino base fermenta en barricas nuevas con un tostado muy marcado y secadas al aire libre durante un mínimo de 18 meses. La crianza sobre sus lías dura unos 12 meses, momento en que pasa a formar parte de un sistema de soleras y criaderas al más puro estilo jerezano. La solera fue fundada en 1987. Una vez embotellado se cría en rimas durante un mínimo de 6 años.

Este es un champagne que está fuera de toda clasificación. Nos recuerda en nariz a una manzanilla en rama, con toques herbáceos y de frutos secos, con una importante presencia de la madera vieja. Esto último debería ser un defecto grave a priori, pero lo cierto es que no lo es, al menos en este vino. En boca de nuevo una acidez tremendamente marcada pone las cosas en su sitio y aunque de nuevo la madera se hace presente, lo hace con nobleza y austeridad. Es la tercera vez que pruebo este vino y las sensaciones han sido siempre diferentes, pero siempre mostrando una enorme calidad y originalidad. Si tuviera que comprar un solo vino de Selosse quizá no compraría Substance, sobre todo por su elevado precio, pero desde luego que es un vino que si se tiene la oportunidad de probar, no hay que dejarla pasar. Es único en el mundo y sorprende a cualquiera.

Lo cierto es que la oportunidad de catar juntos los siete vinos de Selosse es algo que no se olvida y que constituye toda una experiencia vinícola. Si tuviéramos que decantarnos por alguno quizá lo haríamos por el Contraste, al menos en estos degüelles, pero desde luego que los siete son, por sí solos, siete champagnes que se encuentran entre los mejores de sus estilos. Lo malo son sus precios cada vez más elevados, ya que las producciones no aumentan y la demanda no cesa. Pero bueno, así los pillaremos con más ganas.

Una enorme cata para finalizar un año vinícola que resumiremos próximamente y que, salvo por estos momentos báquicos, lo mejor es olvidarlo cuanto antes. Y no hay mejor forma de olvidar que bebiendo buen champagne. Un buen champagne de Selosse.

(*) La fotografía de Anselme es de Paco Berciano y fue publicada en su blog Descorche.

Un saludo,
Eugenio Sáenz de Miera Arnau
(EuSaenz)

miércoles 16 de diciembre de 2009

Un club muy especial

Las dos últimas entradas del año en el blog van a estar dedicadas al champagne, el vino con el que más identificados nos sentimos, el vino que más consumimos a lo largo del año y el vino con el que sin duda, más y mejor disfrutamos. Por supuesto que no renunciamos ni renunciaremos a nuestros otros vinos favoritos, como los tradicionales andaluces, los riesling alemanes y austríacos, los chenin del Loira, los blancos de la Côte de Beune, los Barolos y Barbarescos, los tintos del Ródano Norte y Sur, los de la Côte de Nuits, los Riojas o Vegas viejos, y por supuesto los Burdeos con años, pero sinceramente lo que más nos “pone” es el champagne. No nos cansamos ni nos cansaremos nunca de beberlo. En cualquier momento y a cualquier hora.

Y dentro del champagne, sentimos una especial admiración hacia esos “Recoltant-Manipulants” que tan buen trabajo realizan, a esos “vignerons” que trabajan su propia tierra, que recogen su propia uva y que la vinifican, ofreciendo en muchos casos una serie de vinos de gran calidad y enorme personalidad con el atractivo de un precio muy ajustado, al menos con respecto a su calidad. En la mayoría de casos sus vinos no alcanzan la grandeza de las mejores cuvées de los más importantes productores, pero sinceramente ni falta que hace. Todo cabe en un mercado que demanda este producto cada vez más y especialmente si son vinos de calidad, que expresan con trasparencia el terruño que los ve nacer y que además poseen una buena capacidad de envejecimiento.


Y uno de esos pequeños productores que buscan la calidad, la transparencia del terruño y la autenticidad es Pierre Gimonnet & Fils. La familia Gimonnet trabaja la viña en el pueblo de Cuis desde 1750, siendo en principio únicamente proveedora de uva a las grandes casas. La crisis de los años 30 forzó a las grandes casas a reducir su número de proveedores y a partir de aquí Gimonnet se decide a elaborar sus propios vinos. Sin duda era una época complicada, pues no era habitual el consumo de champagne de pequeños productores. La casa adquiere su madurez a partir de 1955 cuando Michel, hijo de Pierrre, toma las riendas y fija el estilo del productor, donde se busca la frescura, la pureza y el equilibrio como pilares básicos. Michel transmite el estilo a sus hijos Olivier y Didier y continúa al frente de la bodega hasta 1996, cuando los deja al mando. Hoy en día Gimonnet es una casa consolidada, con un estilo reconocible y definido y con una gama de vinos en los que la autenticidad y la expresión de esas fantásticas viñas de la Côte des Blancs son sin duda su bandera.

Y esas viñas son sin duda el tesoro de la casa. Poseen unas 30 hectáreas repartidas entre los pueblos más famosos de la zona, catalogados como Grand o Premier Cru y en su mayoría con más de 35 años de edad:

14 Has en el Premier Cru de Cuis, viñedos Croix Blanche y Les Roualles
5,5 Has en el Grand Cru de Cramant, plantadas entre 1911 y 1913, viñedos Buissons, Au Fond du Beteau y Grosmonts.
5,5 Has en el Grand Cru de Chouilly, viñedo Mont Aigu.
1 Ha en el Grand Cru de Oger, adquirida en 2005, viñedo Terres de Noel
2 Has en el Premier Cru de Versus, adquiridas en 2008

Vinifican de forma artesanal, no chaptalizando nunca las uvas provenientes de los viñedos más viejos. Además en ciertas añadas como 89, 90, 92 o 2002 no se chaptalizó ningún vino y solamente algunas parcelas lo fueron en el 96, 99 y 2003. El concepto de añada tiene mucha importancia para este productor, pues casi todos sus vinos son millesimé. Elaboran un total de 250.000 botellas repartidas en una serie de cuvées, todas ellas con la chardonnay como única uva base, salvo en la Cuvée Paradoxe que tiene un 50% de Pinot Noir:

Champagne Brut NV
Cuis 1er Cru: 68% de la producción, ensamblaje de 4 o 5 cosechas.


Champagne Millesimé
32% de la producción, ensamblajes de Grand Cru y Premier Cru y repartidas en los siguientes vinos: Cuvée Gastronome, Cuvée Fleuron, Cuvée Oenophile, Cuvée Special Club, Cuvée Paradoxe y Millesimé de Collection.

Y hoy vamos a hablar de la Cuvée Special Club, pues hace unos días tuvimos la oportunidad de participar en una cata vertical de 6 añadas de este vino, en un evento organizado por la UEC, coordinado por Natasha Mallory y auspiciado por Coalla Gourmet, importador de la casa en España. Los champagnes Special Club son una serie de vinos elaborados por pequeños productores de gran calidad y que nacen como respuesta a las cuvées de prestigio de los grandes elaboradores. En este caso se trata de una selección de los mejores vinos y de las mejores añadas, ya que no se elabora en todas. Se trata de un champagne austero, que envejece muy bien y que necesita de desarrollo en botella para mejorar, siempre sostenido por su poderosa y estructurada acidez.

Suele estar elaborado con uvas de los Grand Cru de Cramant y Chouilly además del 1er Cru de Cuis, en porcentajes que cambian con los años. La vendimia es manual y se realiza un suave prensado de la uva en prensa neumática. La fermentación alcohólica tiene lugar en depósitos de inox a temperatura controlada de entre 18º y 21º, vinificándose cada parcela por separado. Se realiza maloláctica y una crianza de 6 a 8 meses en depósito. Se estabiliza en frío y se realiza un filtrado antes del ensamblaje. El envejecimiento en rimas oscila entre los 5 y 7 años dependiendo de la añada, 18 años en el caso especial de 1990. El dosage es bajo y suele estar entre los 5 y 6 g/l, inferior al de otras cuvées de la casa. Repasemos ahora los vinos de la cata:

Pierre Gimonnet & Fils Special club 2000

Ultima añada en salir de este vino, se muestra sorprendentemente estructurado y mineral, austero y con mucha vida por delante. De fina y presente acidez y con mucha carga de terruño, es un vino que puede consumirse ahora y que además posee capacidad de mejora. Hasta el momento esta es una añada que nos ha sorprendido en champagne, con vinos de muy buena calidad. Se puede beber y mejor guardar.

Pierre Gimonnet & Fils Special club 1999

Esta es quizá la cuarta o quinta botella que probamos de esta añada. Y probablemente algo le pasaba a esta, pues nos dio la sensación de estar más cansado que las anteriores, como más maduro y triste. La vez anterior que lo probamos nos gustó mucho y confirmó su indudable clase, así que vamos a pensar que nos tocó una botella “tonta”.

Pierre Gimonnet & Fils Special club 1998

Añada algo más cálida y que se muestra en el vino, ofreciendo menos acidez y frescura que otras. Aquí el atractivo son las notas más maduras y oxidativas, así como la amplitud vínica que ofrece en boca, pero sin embargo pierde algo del santo y seña de este vino, la acidez y la frescura que le define, así como su trasparente expresión del terroir. No es una añada por tanto recomendable en este vino.

Pierre Gimonnet & Fils Special club 1996

La añada 96 es una de las grandes del Siglo XX en la zona y los champagnes de la mejor calidad comienzan a vivir en estos momentos. Y este es un caso claro, se trata de un vino de enorme equilibrio, que comienza ya su fase ideal de consumo y que se caracteriza por su tremendo esqueleto ácido y profundo que posee. Un vino fantástico que sin duda hará las delicias de quien posea una botella.

Pierre Gimonnet & Fils Special club 1995

Esta es otra gran añada, quizá algo menos completa que el 96, pero igualmente atractiva, que ha dado vinos de un enorme nivel. Nos pareció algo menos austero y directo que el anterior, pero probablemente más equilibrado en estos momentos, más listo para beber y por tanto con, quizá algo menos, potencial de envejecimiento. Magnífico vino que se encuentra en su momento ideal.

Pierre Gimonnet & Fils Special club 1990

Un vino de concepción totalmente diferente a las otras añadas. Con 18 años de crianza en rimas y recientemente degollado, sus registros tiran más hacia lo maduro y complejo que hacia lo nervioso y rectilíneo, y por tanto no es un reflejo del estilo del productor. Pero es desde luego un vino muy curioso, ya apenas sin burbuja a la vista, con notas complejas y misteriosas en nariz y una mayor amplitud y carácter vínico en boca. Es otro tipo de champagne que, aunque nos gustó, carece de la tipicidad del inconfundible “estilo Gimonnet”.


Bien, pues esto es lo que nos dio de sí esta magnífica vertical, una cata que no hizo sino confirmar en magnífico nivel de esta casa, una de las mejores de su categoría, esa categoría de los pequeños productores de champagne que tantas y tantas gratísimas sorpresas nos ha deparado en los últimos años. Sin duda los vinos que más bebemos y que más disfrutamos. Y la semana que viene cita con el más grande entre los pequeños: Jacques Selosse.



(*) La fotografía de la sede de Gimonnet en Cuis ha sido extraída de http://www.premiumwines.com.br/



Un saludo,
Eugenio Sáenz de Miera Arnau
(EuSaenz)