Restaurante típico de la sierra madrileña, entorno bonito y recién

Restaurante típico de la sierra madrileña, entorno bonito y recién inaugurado. Pareces acceder, en medio del campo, a la finca privada de un amigo cuando entras en el restaurante. Decoración rústica cuidada y exquisita con una legión de camareros y maitres.

Cocina serrana sin aspavientos. Surtido de ibéricos (excelente), una ensalada de ventresca de bonito y un entrecote de buey muy rico con una guarnición pobre: patatas fritas mondas y lirondas con un pimiento de lata puesto encima, fue lo que comimos. En la carta de vinos de corte clásico (rioja, ribera y se acabó) no especificaban ni las añadas de los mismos. Solicitada una añada concreta y no existiendo ésta, accedimos a tomar un Remelluri Rva. 99 que sirvieron correctamente en presentación y formas y no en temperatura. 3 / 4 grados más del máximo aceptable para mi gusto. Cambiaron la copa sin preguntar al traer otra botella. Encomiable.

De precio medio (50 e. cubierto sin vino) el servicio de mesa atento, profesional y con g

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