Restaurante Gordo y flaco: Ni se os ocurra. Jefe de sala pésimo


Hace tiempo que no tenía una experiencia tan mala en un restaurante. Si el Gordo y Flaco mantiene a su pésimo jefe de sala (lo que será probable porque es uno de los socios), le auguro muy mal futuro.

La "fama" del restaurante viene de sus precios algo más económicos de lo normal en Madrid, en teoría con una buena relación calidad-precio. La realidad es que la calidad es correcta sin más y las cantidades escasas. Se echa de menos algo de sabor en los platos. Y, por lo menos yo, estoy acostumbrado a que se cambien todos los cubiertos entre servicio y servicio si no estoy tomando el menú del día. La carta de vinos muy corta con algún vino interesante pero sin alharacas.tuvimos qué sentarnos en unas mesas altas que no es no de lejos lo mejor para una cena agradable.

Compartimos de primero unas "perlas" (croquetas) de jamón y de setas (correctas) y un falso ceviche de pulpo y gamas (escaso de cantidad y algo insípido). De segundos lubina y bacalao (algo secos), rabo de toro deshuesado (rico pero falto de sal) y dos solomillos. De beber, Paramo de Corcos, un ribera joven bueno de sabor que llegó a la mesa bastante templado y que hubo que poner a enfriar

Los problemas empezaron al llegar los segundos. Dos de los comensales pidieron el plato más caro de la carta: un solomillo al no barato precio de 18 euros. Uno de los platos tenía un tamaño correcto (tampoco enorme), y el otro era una punta ridícula. Si hubiéramos sabido como iban a derivar los acontecimientos le hubiéramos hecho una foto. Comentamos a la camarera , en tono simpático, lo injusto de las cantidades y lo pequeño de una de las raciones. Ella debió comentarlo al jefe de sala que vino y nos dijo (él nada simpático) que era el final del solomillo y que por eso era así... (¡Gracias! ¡Qué conocimientos culinarios!)

Nuestro amigo decidió comer el solomillo (la punta), sólo para encontrarse un nervio que atravesaba media mini ración. Aquello era incomestible y decidió devolverlo. La camarera preguntó si quería otra cosa (nunca otro solomillo) pero él decidió no tomar nada. La cena continuó, llegaron los postre, los cafés... Cuando vino la cuenta esperábamos alguna atención (es lo normal en un restaurante serio), invitación a los postres, cafés o, lo más habitual, no cobrar el plato que se devuelve entero. Pero allí estaban todas y cada una de las cosas que habíamos tomado. Ilusos, le comentamos al jefe de sala "habéis cobrado el solomillo". Y el contestó, soberbio, "por supuesto". A partir de ahí todo fue de mal en peor, negándose a llamar a su socio el chef, intentando rellenar incompleta la hoja de reclamaciones y quedarse con dos de las tres copias para que no pudiéramos presentarla en consumo (¿o es que el Sr. Nacho Gil, de tan larga trayectoria profesional, no sabe como se rellena una hoja de reclamaciones). Fue borde y soberbio. Su socio el chef, al que conseguimos que trajera finalmente, al menos permaneció callado.

En definitiva. Cocina más o menos correcta pero algo blanda en sabores, aunque discrepo en la relación calidad-cantidad-precio, unas camareras profesionales y amables (y yo creo que algo avergonzadas de la actitud de su jefe) y un jefe de sala que no tiene ni la menor idea de como tratar a los clientes. Yo no volveré y no lo recomiendo en absoluto a nadie.

  1. #1

    Jeronimo

    Hay personajes que no deberían estar de cara al publico.

Este sitio web usa cookies para analizar la navegación del usuario. Política de cookies.
Cerrar