Curioso restaurante que por diversas vicisitudes no había acabado de conocer. Por fuera , el caserío , impresiona y por dentro , la sala principal, te hace sentirte como en casa. Trasmite un ambiente hogareño , confortable, casi entrañable. La vajilla " vintage " de porcelana, el trato sencillo , amable y cordial, los objetos , las fotos ...todo genera una atmósfera familiar y acogedora. Buena comida, buen producto. Cocina rica , sin alardes, bien hecha , gustosa y apetecible. Probamos mi cuit con mermelada de vainilla, volandeiras, kokotxas rebozadas, un buen chuletón alemán, rape con salsa americana .. y tres postres correctísimos que cerraron una buena cena, agradable , amena y disfrutable, por la compañía y porque Petit Komité , lo favorace..
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