Ante la acuciante crisis la mayoría de los grandes cocineros han decidido sumarse al concepto gastrobar (o bistró, casa de comidas o como quiera llamarse). Una tendencia que, en Valencia, empezó Quique Dacosta con Mercat Bar y a la que ya se han sumado cocineros de la talla de Josep Quintana (Anerea) y el propio Ricard Camarena con este Canalla Bistró.
Esta nueva deriva de la hostelería es una meritoria salida de los grandes cocineros para ganarse las habichuelas: pone la cocina creativa al alcance de casi todos y supone un alivio para los bolsillos. Pero no todo son virtudes: para compensar la bajada en la factura, los productos que se utilizan tienden hacia un perfil bajo (que no malo), en muchos de los casos las recetas surgen del acervo popular (grandes chefs volviendo a las crocetas, las bravas y la ensaladilla) o de la reconversión de grandes éxitos de sus restaurantes más reconocidos.
Que conste que ésto no me parece malo (de hecho me parece una fórmula ideal para democratizar la buena cocina), pero sí que se resiente el factor sorpresa con el que solemos identificar la cocina de estos ínclitos creadores. A mí, personalmente, Ricard Camarena me parece un cocinero de clase mundial. Tuve la oportunidad de comer una vez en el Arrop de la Calle Almirante (fui invitado) y la experiencia fue superlativa. En Canalla Bistró también disfruté muchísimo (como mis dos acompañantes) y más teniendo en cuenta que nos acogimos al menú de mediodía: 3 entrantes para compartir, principal y postre.
Cogollitos con anchoas y vinagreta de pimientos. A mí no me dijeron nada, no rebasaba la línea de una ensalada bien ejecutada. Después, la ensaladilla Ricard Camarena: riquísima y muy equilibrada, con una ligera mayonesa por encima, casi mantecosa. Y como colofón, unos buñuelos de bacalao alucinantes. Suaves, cremosos y muy suculentos. Además, decidimos incorporar de la carta un steak tartar, con la carne cortada a cuchillo, que estaba muy bueno, muchísima armonía con la mostaza que conformaba la amalgama.
Con los principales llegó la seriedad. Dos arroces de atún, que al principio me produjo cierta remembranza a exceso de salsa americana (por la fuerza sápida del caldo) pero que, con cada cucharada, iba ganando en consistencia con la combinación de dos sabores potentísimos como son el del atún y la salsa de soja. Quedé muy satisfecho, aunque para mi gusto el arroz, cuando llegó a la mesa, todavía permitía un poco más de cocción, algo que fue corrigiéndose con el reposo. Mi acompañante pidió una carne (no recuerdo cual) al curry rojo que tuve la oportunidad de probar y me gustó mucho. Con esa intensidad de jengibre y el lemongrass tan características de la cocina oriental.
Los postres fueron piña natural, un flan magnífico en un tarrito para mí y otro que no recuerdo. En definitiva, una gratísima experiencia que seguro repetiré (me pilla al lado del trabajo). Por 20 euros disfrutas como un enano. Además, parece que Ricard está experimentando ciertas influencias orientalizantes que me complacen, sin perder de vista lo que siempre ha sido su cocina: Una revisión equilibrada e imaginativa de la cocina valenciana.
Si en algo he de disentir con la mayoría es con la ambientación. A mí, personalmente, no me fascina demasiado la atmósfera: todo demasiado negro, casi cenizo y repleto de cajas de cerveza verde y tablones de madera. Me da la sensación de viajar en la locomotora del maquinista de la general. Aunque sí estoy de acuerdo en que encaja a la perfección con un estilo "canalla". El servicio fue correcto e informal. Y en cuanto a la oferta de fermentados no puedo aportar ninguna luz: tomamos cerveza (de la marca verde) y agua.
Le deseo la mejor de las venturas a Ricard y a su nuevo proyecto. Aunque parece que ya huele éxito: según mis informaciones ya está rozando los 200 comensales diarios. Gran noticia para la restauración de esta ciudad, esperemos que sirva de guía y estímulo para los demás. Estoy anhelando volver y probar también la oferta que propone en carta, gran parte de los platos dispuestos llamaron mi atención. Pero por lo que verdaderamente suspiro es que, el mismo que me invitó al Arrop, me lleve también a Ricard Camarena, el restaurante llamado gastronómico que tiene en Doctor Sumsi ;)