Lo de la estrella michelin no lo acabo de entender. Se supone que en un

Lo de la estrella michelin no lo acabo de entender.
Se supone que en un restaurante de esta categoría la cocción del pescado debería estar en su punto, sin embargo para dos de los seis comensales no fue así, pues nos sirvieron una lubina y un rodaballo pasados de cocción, es decir, secos. Los calamares a la romana tampoco nos acabaron de convencer. El resto de los platos estuvo bien , los postres y la carta de vinos, muy bien y los aperitivos excelentes.
El servicio lo salvó una camarera encantadora, porque Montserrat, la jefa de sala además de no hacer su trabajo, rayó la mala educación cuestionandonos nuestras demandas de malos modos en lugar de darnos otras alternativas y Diego, su marido, solo saludaba a sus amigos.
El local necesita un reciclaje, sobre todo los lavabos que son superpequeños y además tienen dos sillas pegadas a la puerta por si está ocupado….. En resumen que me quedo con Casa Bosch.

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