Señorial restaurante situado en una gran casona en Mareo (a 7 km de Gijón), muy cerquita de la Escuela de Fútbol del Sporting.
Sus instalaciones cuentan con unas amplias zonas recreativas ajardinadas, ideal por tanto para ir con niños.
En cuanto a la casona, exteriormente la típica de los llamados “indianos”, es grande y sólida, decorada en el interior con clasicismo. No hay una sala principal sino que está estructurada en varios habitáculos, bien pequeños, bien de medio tamaño, distribuidos en dos plantas. Esta disposición provoca una agradable sensación de privacidad y genera una atmósfera intimista.
Éramos 8 comensales, 4 adultos y 4 niños y nos acomodaron en la planta baja, en una confortable y holgada habitación para nosotros solos.
Equipación (vajilla, cristalería, cubertería, mantelería) conforme a la categoría del restaurante.
Y entrando en materia, lo que aquí nos encontramos fue una gran cocina tradicional asturiana salpimentada con caricias de autor.
El menú degustación era para mesa completa y como no todos lo queríamos, atacamos la carta.
Nos agasajaron con un aperitivo que ya presagiaba lo bien que íbamos a comer: Copa de berberechos frescos con mousse de maruca ahumada, gelatina de tomate y huevas de trucha . Excelso chupito marinero, con un potente sabor a mar contrarrestado por el tomate y dotado de empaque por la mousse.
De primero optamos por pedir unos cuantos platos al centro para compartir. Tuvieron el apreciable detalle de cada plato servirlo individualizado en 4 platillos, o 4 vasitos…
• Vieira asada con alcachofas, jugo de moluscos y manzana verde. Muy bien presentado, destacable la calidad de la vieira y el contrapunto de la acidez de la manzana.
• Langostinos frescos con papada y jugo de cocido. Interesante juego “mar y montaña”.
• Croquetas de picadillo. Es lo más parecido a comerte una croqueta de fabada, debe ser porque el picadillo era de chorizo asturiano.
• Fabada asturiana. Pese a la contundencia del plato y su concentrado sabor, habían conseguido una cierta ligereza en él, con el caldillo más líquido de lo normal y menor cantidad de embutido y fabes.
• Homenaje al queso del Valle del Oso. Me gusto el plato casi tanto como su nombre. Compuesto por crema helada, mermelada de tomate y sardina en vinagre. Una travesura de temperaturas, sabores y texturas. Un guiño al comensal, como diciéndole: “Tenemos buen producto. Lo cocinamos con calma, tradición y sabiduría heredada. Casi podría decirse que somos clásicos, pero si queremos… ¡mira lo que sabemos hacer!”
Los segundos también los compartimos de dos en dos, por aquello de probar más cosas. Pese a que nos habían hablado maravillas de los callos y el cochinillo, optamos por los pescados, no perdiendo de vista que estábamos en la costa y que son más difíciles de encontrar en otras zonas. Ambos estaban fuera de carta:
• Rey al horno. Un pescado también llamado dorada hembra o palometa roja. Es de carne rojiza, un sabor amariscado, textura suave pero entera. Una delicia.
• Mero, simplemente a la plancha. Cómo lo disfrutamos, qué paladar tenía. Y más con lo difícil que se está poniendo últimamente encontrarlo, conseguir que no te den sucedáneos… Éste era mero, mero de verdad.
Me llamó la atención el pan. No lo ofrecían ni en panecillos ni de diversas variedades o sabores. Eran trozos de pan, de pan de barra, pero vaya pan. Hace tiempo que no comía uno tan rico.
De postre, quizás lo más flojo, Sopa de queso de cabra con avellanas y helado de miel. No me gustó la combinación, no “ligaba”.
Nos sacaron con los cafés, cortesía de la casa, una copita de espuma de arroz con leche, riquísima, estaba bastante mejor que el postre que pedí.
En cuanto a los vinos, los tratan y seleccionan bien, sin grandes alharacas, pero bien. Como blanco nos decantamos por un Chardonnay 2-3-4 de Enate, Somontano, y como tinto por un Cabrida de Capçanes, Montsant. Acertamos con ambos.
El servicio, impecable. No puedo decir más.
Salimos satisfechos, bien comidos, sin sensación de pesadez y con la impresión de que habíamos pagado menos de lo que valía, lo que equivale a decir que…
“volveremos, sin duda, volveremos”.
Y luego dices que estás vago para escribir. Como ya te voy conociendo lo que te gusta es que te rueguen. Magnífico comentario.
Un saludo, peludo.
Que no, que es que me cuesta ponerme.
Luego la pluma, vuela...
Gracias por tu comentario y por recomendarme ;-)
Pues Oscar, conozco El Corral del Indiano, pero hace muchos años, por lo que no te puedo aconsejar.
Mira este hilo que colgué hace unos meses preguntando por lo mismo que tú, seguro que te ayuda:
https://www.verema.com/foros/restaurantes/temas/813794-restaurantes-por-asturias?page=1
Saludos
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