Amplio local con vistas, en su mayor parte, a la playa de La Carihuela. Como todos los resturantes de la zona suele tener siempre mucho tránsito de turistas. Aquí se cocina muy bien el famoso pescaito frito: Los calamaritos y la rosada en adobo que pedimos estaban excelentes. Los pescados a la sal (dorada) no estuvieron tan finos, ligeramente pasados de cocción. Respecto al vino, la carta es corta y para llorar (todas las referencias de vinos de las grandes casas comerciales, pone una sección de "Champagnes" donde sólo aparecen tres o cuatro cavas). Pero uno ya se imagina que va a encontrar eso, por desgracia. Salvamos la situación pidiendo un sabroso rosado de Marqués de Caceres (12 euros). El servicio de sala resulta amable y bastante eficaz. Tienen un armario acondicionador. Cristaleria discreta. En definitiva, un buen restaurante para tomar muy buen pescaito frito con un grupete de amigos y dejar el vino en un segundo plano.
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