Restaurante La Casa del Cura de Calatañazor: Un despropósito


Si bien nos dejamos llevar guiados por su fama y por las recomendaciones que aparecen en las diferentes guías, solo se me puede ocurrir que actualmente estén pasando por un mal momento, o que simplemente hayan cambiado de dueños, y la gestión de los fogones y del servicio esté ahora en manos de advenedizos, ya que no creo que tanta gente esté equivocada en las valoraciones que se han realizado del local.

El restaurante está ubicado en Calatañazor, coqueto pueblecito que conserva su arquitectura medieval escondido a 1,5 km de la N.122, y rodeado por un majestuoso bosque de sabinas. La fachada de la casa es fastuosa y sus salones coquetos, pero decidimos comer en su terraza con vistas al paisaje que le rodea, y primera sorpresa: barandas oxidadas, diferentes sombrillas de marcas comerciales, y una desatendida barra. Daba la sensación que estabas en una terracita de cualquier bar de piscina municipal, y que por lo tanto no perteneciera al restaurante en cuestión. No obstante no le dimos más importancia ya que el entorno era la mar de agradable.

De primero pedimos para compartir, carpaccio de boletus y ensalada tibia de conejo escabechado. Para empezar, el carpaccio no era más que unos boletus en conserva que si bien estaban buenos, no era lo que esperábamos, acompañados con pimiento, cebolla y zanahoria también embotados (Parece ser que estas distorsiones entre lo que aparece en la carta y lo que te acaban por servir no son una excepción, ya que en la mesa de al lado se quejaban que el magret que habían pedido, se había convertido en confit a la hora de servirlo). Por otro lado, el conejo escabechado contaba con el mismo acompañamiento, donde además se había añadido un poco de lechuga y tomate salpicados de forma bastante burda con vinagre de Módena (bastante harto estoy del exceso de este tipo de vinagre, servido en plato como el que rellena gofres, a veces con la finalidad de ocultar la baja calidad de la verdura en cuestión).

De segundos: Codornices escabechadas que estaban buenas, pero que también contaban con la misma guarnición de pimientos, cebollas y zanahorias, por lo que finalmente dicho acompañamiento apareció en 3 de los 4 platos que nos sirvieron ese día. Y huevos de corral con virutas de trufa, torrezno y patatas trufadas, he de decir que el torrezno estaba más que requemado y aunque presentaron una especie de pastel de patata y queso de acompañamiento a los huevos, decidieron también incluir algunas que parecían congeladas y que se podrían haber evitado (qué poco criterio!).

El camarero era de chiste. Para 5 mesas que tenía atender, lo convirtió en su más que repetida excusa para argumentar por qué estaba tardando tanto. Supongo que para él nada tendría que ver que se olvidara de las cosas, o que para poner 4 cubiertos tuviera que venir 8 veces.

Tomamos cerveza por lo que no podemos opinar del vino.

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