Restaurante Osteria da Fiore en Venecia
Restaurante Osteria da Fiore
País:
Italia
Localidad:
Cód. Postal:
Tipo de cocina:
Añadir vino por copa
Precio desde:
40,00 €
(precio más bajo introducido por un usuario)
Nota de cata PRECIO MEDIO:
79 €
Nota de cata VALORACIÓN MEDIA:
3.9
Servicio del vino SERVICIO DEL VINO
3.3
Comida COMIDA
4.7
Precio medio entorno ENTORNO
4.7
RCP CALIDAD-PRECIO
3.0
Opiniones de Osteria da Fiore
OPINIONES
3

Antes que nada, quiero aclarar un error que cometí en el anterior comentario sobre este restaurante. Dicho comentario se refiere, en realidad, a la TRATTORIA DA FIORE (no a la OSTERIA del mismo nombre). La trattoria da fiore se encuentra cercana al campo Santo Stefano y mi comentario de abajo va referido a esa trattoria (cosas de las coincidencias de nombres). Reparado el error, paso a comentar -ahora sí- LA OSTERIA DA FIORE

Una de mis películas preferidas en toda la historia del cine es, sin duda, El Golpe, esa obra maestra protagonizada por Paul Newman y Robert Redford y en la cual, como es bien conocido, ambos, en su papel de timadores, preparan un golpe contra un mafioso llamado Doyle Lonnegan, magistralmente interpretado por Robert Shaw. Y al final, obviamente, lo timan y bien “timao”.

Y traigo esto a colación, porque si alguna me he sentido Doyle Lonnegan ha sido, sin duda, en el restaurante que ahora se comenta. Veamos el porqué.

Localización y entorno: El sitio se encuentra ubicado cerca del Campo S. Polo, situado a unos 10/15 minutos del Puente Rialto (si se conoce la ciudad o se es experto en planos). Dicho Campo tiene 4 ó 5 calles adyacentes y el restaurante se ubica en la más estrechas de ellas. Vamos, que si es España, y por la noche, te lo piensas dos veces antes de entrar. Ojo si se va por la noche, porque es fácil perderse. En todo caso, la calle es la del Scalater Bernardo, cosa que aclaro porque la misma se conoce también como calle Bernardo.

Evidentemente, el entorno exterior no existe: la callejuela desangelada. Mejor es el entorno interior. Ambiente agradable, un cierto refinamiento, sin exagerar. Camareros bien ataviados y con pajaritas. Mesas en cierto modo elegantes y bien predispuestas. En fin, un ambiente en el que dices: como se coma igual voy a disfrutar. Por otra parte, el local -al menos lo que yo vi- no da para más de 40/50 pax, estando el mismo lleno el día que fui a cenar con mis colegas italianos. Sillas comodas, cubertería bien presentadas, copas más normalitas y buena mantelería. Separación entre mesas correcta, un pelín rumoroso y absolutamente limpio.

Servicio y servicio del vino:

El servicio, pues de principio hacen bastante la pelota: que si todo está muy rico, que si signore p’arriba, que si signore p’abajo. Luego, salvando el tema de los tempos entre plato y plato, la cosa ya flojea más, y el tema del vino es el mejor ejemplo. No ví la carta de vinos, pero hombre ¿es normal que después de tanta pompa y con más camareros que clientes nos tuviéramos que servir nosotros todas las veces?. La carta de vinos no la ví -pidió un colega italiano por todos-, con lo cual poco puedo decir en este aspecto. El vino un sauvignon blanc que no estaba mal pero cuyo nombre -y precio- desconozco. Pero que -fijo- estaba sobrevalorado.

Y dónde esta el timo, hombre. Que nos tienes en ascuas-. Pues en la comida.

Comida: El sitio esta especializado en pescados. Sin más, con excepción de algún rissoto (de pescado), sopa (de pescado) y pasta -una sola- con marisco. Todo lo demás pescado (y algún marisco) en diferentes preparaciones. Los antipasti en versión cocida o marinados. Y los demás pescados/mariscos -de segundo- al vapor o a la parrilla.

De aperitivo: un boquerón marinado de buen tamaño, sobre un biscotte. Tan de buen tamaño era, que yo creo que con un solo boquerón aún les sobro para el aperitivo de otras mesas.

Pues bien, los precios oscilando entre los 28 y los 40 euros por plato. La preparación extremadamente simple y el género simplemente aceptable. Las raciones, de chiste. Cuento algunos de ellos. Mi comensal de al lado: atún marinado (dos lonchitas sin más), acompañado de una salsita tomada aparte. Otro de ellos, unos mariscos cocidos, representados en su mayoría por mejillones. El otro, una sopa, la cual tuvo casi que poner en oblicuo para poder comer algo de provecho… Y en cuanto a mí, pues nada unos gamberettis cocidos y al limone. Madre mía los gamberettis: pero si un buen camarón parecía a su lado el primo de zumosol. Qué digo, parecía Moby Dick. Pues eso de primero, 25 gambitas minúsculas con una especie de polenta servida en un tacita. 34 euracos.

De segundo, la mayoría optó por un atún (que parecía bien hecho) y yo, como es habitual, por la pasta, cuyo nombre prometía porque eran unos raviolis rellenos de queso con langosta en su jugo. Pues sí, el jugo estaba, pero la langosta no. Puede ser que hubiera el equivalente a la carne de un trozo de pata de la langosta. Por supuesto, la ración: abundante. 5 míseros raviolis de tamaño menor, cuya única virtud es la que siempre suelo comentar: una perfecta cocción, “al dente”. Pues toma dente: 36 euracos.

Los panes: buenos. Sacan de tres tipos, grissinis aparte. Bastante ricos.

Postres: por mi parte no hubo, no porque fueran caros -ahí va otro leñazo, todos entre 15/20 euros-, sino porque no suelo tomar, y menos en la cena. Lo sustituí por un magnífico limoncello, nada de las famosas chuscadas azucaradas y servido a una temperatura perfecta, cuyo precio desconozco pero me lo puedo imaginar.

Los petits fours, simplemente aceptables y, cómo no, en escasa ración para los que éramos en la mesa.

¿Cómo acabo la cosa? Pues pagando 97 euros la broma por persona (se incluyen las dos botellas de vino que tomamos, cafés y similares). 97 euros por quedarme con hambre, precio por el que mi mujer y yo hemos comido en un estrella Michelin (tres torres Huesca) divinamente y por el que he comido hoy 5 platos en un buen restaurante de Zaragoza (El Chalet) y con una calidad indudable.

Increíble, qué timada. Si son ricos vayan y compruébenlo. Si no lo son, no vayan. Que estacazo en la cartera!! El "Golpe" en versión contemporanea.

La ubicacion ya esta señalada en un anterior conmentario.

Típica tratorria, mesas normales y sillas al uso.. decoracion tipica (solo faltaba un gondolero).

La comida, para mi, reguleja.. Unos antipasti consistentes en navajas y una especie de zamburinas rebozadas. El primero, unos espaguetis al nero di sepia flofísimos (donde esta la pasta "al dente") y un lenguado pasado de plancha para finalizar.. al postre, obvio, ni me atreví.

El vino, un chardonay que no le empata a ninguno de los de aqui. La cristeleria no existe.. lo mismo da que te tomes una cosa que otra,

Servicio rapido y estancia limpia. Mucho a mejorar.

Adortunadamente, o no, me invitaron. Uno para no volver. El comienzo de un par de dias gastronomicos para olvidar.. continuan en otro sitio otras "joyas gastronomicas" de esa -ahí si- ciudad momumental como es Venecia.

En una de las calles que salen desde el campo San Polo y justo después de un puente que cruza el canal, encontramos este afamado restaurante. La entrada es elegante, en madera y cristal, bajo un cartel que dice "Vini extra "da Fiore"". Buena recepción, nos guardan los abrigos (chubasqueros, esa noche llovía) y nos acompañan a la única mesa que quedaba libre. Local pequeño, ruidoso, sin más ventana que una pequeña terraza sobre el canal de San Polo (supongo que debe ser la mesa más codiciada); las paredes y el techo recuerdan a un barco. Demasiadas mesas, aunque bien vestidas, cómo es de esperar en un local de esta categoría. La propuesta gastronómica gira entorno casi exclusivamente al pescado y marisco. Pedimos a la carta, pasta de primero y pescado (como no) de segundo. Para beber pedimos al sumiller que nos ponga, a copas, el vino que el nos recomiende. Bien. Nos dice que para los primeros empezaremos con un blanco "de la casa". Nos traen el pan, casero, excelente y un aperitivo consistente en una croqueta de pescado. Al poco llega el sumiller con dos copas llenas que deja en la mesa. En un primer momento pensé que al ser vino "de la casa" lo tendrían en botas.... Esperamos los primeros. Volvemos a esperar... a los quince minutos llega la pasta; ya no quedaba vino. Unos espaghetti con guisantes y otros con langosta, excelentes ambos. Terminamos y esperamos otro buen rato los segundos. Llegan, esta vez acompañados por otras dos copas de vino blanco llenas. Ni rastro de la botella ni explicación alguna. Los segundos eran un lenguado y un rape. Muy buen pescado, pero las combinaciones con otros ingredientes del plato nos parecen desacertadas. De postre un zabaglione al marsala, con demasiado sabor a vino, y un hojaldre con crema a la vainilla. Sin pena ni gloria ambos. Para terminar un muy buen café.
En resumen buen producto aunque algún plato no nos entusiasmó, descordinación en el servicio (fruto quizás de estar el restaurante a tope) y una atención pésima por parte del sumiller. Tal vez tuvieron una mala noche, pero con este precio no habrá otra oportunidad.

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